A veces nuestras emociones nos ganan las batallas del corazón y terminamos en relaciones que, lejos de acercarnos a Dios, nos separan no solo de Él sino de Su perfecto propósito para nuestras vidas. En nuestro deseo de encontrar al príncipe azul negociamos principios y hasta podemos llegar a comprometer valores.

La cultura popular nos dice que en la guerra y en el amor todo se vale, pero lo cierto es que el libro de los Proverbios nos dice que: «Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte» (Prov. 14:12), por lo que concluyo que no todas las relaciones son correctas, y tampoco todos los prospectos.

Pero, ¿cómo saber que ese no es tu príncipe azul?

Sinceramente, la primera pauta sería si tienes que perseguirlo y buscarlo tú. Si te pasas todo el día esperando que él te escriba, te llame, te dirija la palabra en la clase o el trabajo, o tienes que ser la que inicia todas las salidas, es bastante seguro pensar la interesada eres tú. No sabemos nada de él. Estarás poniendo todo el esfuerzo para lograr establecer una relación y aparte sostenerla, pero lo que haces para conseguirla lo tendrás que sostener para mantenerla.

Si bien es cierto que la Biblia no habla en contra de que la mujer inicie la relación también es cierto que los ejemplos que vemos nos dan la pauta de que Dios entreteje los caminos y espera que cada uno haga su parte. El cortejo es de dos.

En la Biblia tenemos varios ejemplos de historias de amor con propósito divino, y vemos que ambas participaron en el proceso.

Entonces, ¿cómo ser nosotras la princesa de sus sueños?

Usemos algunos principios bíblicos que encontramos en el libro Rut. Una joven viuda que acompaña a su suegra de regreso a su lugar de origen. Ambas estaban en una situación precaria y Ruth toma la iniciativa de buscar provisión. Su historia nos da cinco claves para un cortejo exitoso.

Veamos a continuación:

«2 Y Rut la moabita dijo a Noemí: Te ruego que me dejes ir al campo, y recogeré espigas en pos de aquel a cuyos ojos hallare gracia. Y ella le respondió: Ve, hija mía.

3 Fue, pues, y llegando, espigó en el campo en pos de los segadores; y aconteció que aquella parte del campo era de Booz, el cual era de la familia de Elimelec.

4 Y he aquí que Booz vino de Belén, y dijo a los segadores: Jehová sea con vosotros. Y ellos respondieron: Jehová te bendiga.

5 Y Booz dijo a su criado el mayordomo de los segadores: ¿De quién es esta joven?

6 Y el criado, mayordomo de los segadores, respondió y dijo: Es la joven moabita que volvió con Noemí de los campos de Moab;

7 y ha dicho: Te ruego que me dejes recoger y juntar tras los segadores entre las gavillas. Entró, pues, y está desde por la mañana hasta ahora, sin descansar ni aun por un momento.

8 Entonces Booz dijo a Rut: Oye, hija mía, no vayas a espigar a otro campo, ni pases de aquí; y aquí estarás junto a mis criadas.

9 Mira bien el campo que sieguen, y síguelas; porque yo he mandado a los criados que no te molesten. Y cuando tengas sed, ve a las vasijas, y bebe del agua que sacan los criados.

10 Ella entonces bajando su rostro se inclinó a tierra, y le dijo: ¿Por qué he hallado gracia en tus ojos para que me reconozcas, siendo yo extranjera?

11 Y respondiendo Booz, le dijo: He sabido todo lo que has hecho con tu suegra después de la muerte de tu marido, y que dejando a tu padre y a tu madre y la tierra donde naciste, has venido a un pueblo que no conociste antes.

12 Jehová recompense tu obra, y tu remuneración sea cumplida de parte de Jehová Dios de Israel, bajo cuyas alas has venido a refugiarte.

13 Y ella dijo: Señor mío, halle yo gracia delante de tus ojos; porque me has consolado, y porque has hablado al corazón de tu sierva, aunque no soy ni como una de tus criadas.» (Rut 3:2-13)

Claves para un cortejo exitoso

1. Deja que él se fije en ti (versículo 5)

El versículo 5 del capítulo 3 de Rut dice que Booz dijo a su criado el mayordomo de los segadores: ¿De quién es esta joven? Refiriéndose a Rut. Booz se fijó en ella, preguntó por ella, y luego se le acercó respetuosamente  para iniciar una conversación.

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La rapidez y ligereza de nuestra cultura hoy día ha lanzado a nuestras chicas en una caza amazónica por el amor de su vida. La realidad es que a tu príncipe azul no le tienes que correr detrás, sé tú misma y él se fijara en ti.

2. Sé esforzada (v. 3:7)

No existe nada más lindo que una persona dispuesta a ayudar a otros, en especial a aquellos que no tienen forma de recompensarles. En el caso de Rut vemos cómo su esfuerzo la hizo sobresalir ante las demás personas. Al punto que llego referencia de su sacrificio y generosidad a Booz.

«Y el criado, mayordomo de los segadores, respondió y dijo: Es la joven moabita que volvió con Noemí de los campos de Moab; y ha dicho: Te ruego que me dejes recoger y juntar tras los segadores entre las gavillas. Entró, pues, y está desde por la mañana hasta ahora, sin descansar ni aun por un momento.»

Cuando eres esforzada y moldeas tu carácter, se sabrá.

3. Mantén un buen testimonio (v. 11)

«Y respondiendo Booz, le dijo: He sabido todo lo que has hecho con tu suegra después de la muerte de tu marido, y que dejando a tu padre y a tu madre y la tierra donde naciste, has venido a un pueblo que no conociste antes.»

Hoy día la palabra guardarse parece haber pasado de moda, pero lo cierto es que toda historia de amor tiene un común denominador: ambos se eligieron de forma exclusiva el uno al otro. Cuida tu vida de tal forma que tus atenciones y detalles los reciba la persona por la que has estado orando. No derrames emocionalmente el contenido de tu alforja de amor al punto que cuando llegue la persona ideal te quede muy poco para dar, o tengas demasiadas heridas que sanar y una mala historia que contar.

Si bien es cierto que Dios es especialista es restaurar y sanar corazones rotos, también es cierto que Él nos recomienda poner de nuestra parte y guardar nuestro corazón.

4. Se agradecida (v. 13)

Rut reconoció que Booz estaba siendo especialmente atento con ella, y verbalmente reconoció su gentileza. Sé agradecida, no demos por sentado que las personas tienen que ser amables o generosas con nosotros. Encontrar esos detalles en algo es un regalo de Dios, seamos agradecidas.

5. Se Humilde. (V.13b) 

«Aunque no soy ni como una de tus criadas». Esta fue la expresión de Rut cuando terminó de agradecer la gentileza de Booz en el campo. El agradecimiento va muy de la mano con la humildad. Recibe y da. De Rut aprendemos tanto al igual que de Booz.

 

En otro artículo de contaré los principios que vemos en él. Por ahora nos enfocamos en ser lo mejor que podemos ser con nosotras y los demás. Esa es nuestra parte, de lo demás se encarga Dios.

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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