Muchos esposos y esposas viven en matrimonios donde no se sienten satisfechos, felices o realizados.  Culpan al cónyuge de su infelicidad y pasan el tiempo criticando, amenazando o quejándose de su pareja.  Creen que si tan sólo su pareja cambiara todo marcharía mejor…  Lamentablemente un lenguaje y una actitud negativa hacia al cónyuge no son las herramientas apropiadas para traer cambios positivos al matrimonio.

Las criticas y regaños ponen a la defensiva a la persona.  Al sentirse amenazado, humillado u ofendido, la típica reacción es el querer defenderse.  La persona ofendida por lo regular se defiende usando las mismas herramientas que su acusador.  El responder con críticas, amenazas, regaños y quejas es lo común.  Las múltiples acusaciones y ofensas en lugar de producir cambios positivos terminan por herir, enojar, frustrar y amargar a ambos cónyuges.

No se pueden producir cambios positivos cuando las herramientas usadas son negativas.  En lugar de renegar y pelear la persona que desee mejorar su matrimonio debería enfocarse en ser un ejemplo de cambio.  Dios llama al esposo a que sea cabeza del hogar, que den el ejemplo, que no sea áspero con su esposas y que las traten con cuidado, como un vaso frágil (Efesios 5:23-25, Colosense 3:19 y 1 Pedro 3:7).  El Señor también le pide a las esposas a que mantengan una conducta integra y respetuosa hacia sus maridos (Efesios 5:33 y 1 Pedro 3:1-5).  Los cambios positivos ocurren en el matrimonio cuando uno o ambos cónyuges deciden vivir de acuerdo a las reglas de conducta que Dios ha establecido para el matrimonio.

Otra forma muy efectiva de mejorar el matrimonio es el perdonar.  Las heridas y falta de perdón a menudo son las razones del porque existen sentimientos negativos en una relación.  La falta de perdón produce amargura que se manifiesta por medio de las críticas, amenazas, quejas o acusaciones.  La Biblia dice en Hebreos 12:15,  Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminado.  La amargura contamina el corazón, el matrimonio y a todo el hogar.  Si se molesta con su pareja trate siempre de arreglar sus diferencias y perdone, así no le dará cabida al diablo en su corazón y mente (Efesios 4:26-27).

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El perdonar debe ser acompañado con el dominio propio.  Si su pareja te hiere no permitas que la venganza o retribución invadan tu corazón.  No Pagés mal por mal, tu  como una persona que tiene a Dios en su corazón has sido llamado para ser de bendición y no para maldecir (1 Pedro 3:9).  Aun cuando piense que su cónyuge está actuando injustamente, al hacer el bien el Señor te promete en 1 Pedro 3:12 que Sus ojos y oídos están atentos a las oraciones de los justos.  Dios oirá tu clamor, está a tu favor y estará pronto a ayudarle.  El dominio propio es un don de Dios que apaga fuegos, evita heridas, trae paz y acerca a una persona al Señor.

El incluir a Cristo en el matrimonio es esencial para tener un matrimonio exitoso que va mejorando día a día.   El enfocarse en hacer el bien y el acercarse a Dios traerán cambios perdurables que impactarán positivamente su vida espiritual y matrimonio.

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1 Comentario

  1. muy buen mensaje y consejos,me han hecho pensar. Dios me ayude,muchas veces es difícil.

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