Rut era una joven moabita que llegó ser una viuda como su suegra, Noemí. Noemí le dijo a ella y a su otra nuera que regresen a sus casas para tener oportunidades de matrimonio. En esos tiempos, el papel de las mujeres era cuidar de su familia. Por lo tanto, si una mujer no tenía un marido, no podía tener un descendiente. Sin embargo, Rut insistió en su decisión de quedarse con Noemí diciendo: «Iré adonde tú vayas, y viviré donde tú vivas. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios. Moriré donde tú mueras, y allí seré sepultada. ¡Que me castigue el Señor con toda severidad si me separa de ti algo que no sea la muerte!» (Rut 1:16-17 NVI) 

Las dos viajaron a Belén. La Biblia no menciona por qué Noemí decidió ir hasta allá, pero estoy segura de que fue la voluntad de Dios para bendecir a Rut por su fidelidad. La historia de amor comienza con una coincidencia. Era como una canción. Rut estaba buscando trabajo y comenzó a recoger espinas en un campo. Resultó que el campo le pertenecía a Booz, un hombre rico que era pariente de Noemí. Cuando regresó a su casa, Booz se dio cuenta al instante de Rut; preguntó a sus sirvientes quién era y le respondieron que era viuda y viajaba con Noemí. Él fue a sugerirle que se quedara ahí a trabajar. A partir de ese día, Booz la protegió e incluso ordenó a sus criados que la ayudaran a sacar el grano. De esa manera él estaba siguiendo las leyes en Levítico 25:36-17 en donde Dios declara: «Si alguno de tus compatriotas se empobrece y no tiene cómo sostenerse, ayúdale como lo harías con el extranjero o con el residente transitorio; así podrá seguir viviendo entre ustedes. No le exigirás interés cuando le prestes dinero o víveres, sino que temerás a tu Dios; así tu compatriota podrá seguir viviendo entre ustedes. Tampoco le prestarás dinero con intereses ni le impondrás recargo a los víveres que le fíes.» (NVI 1999)

Ese era Booz, un seguidor de Dios. Además de eso, él estaba estable económicamente debido a su fortuna, tenía buenas conexiones familiares (lo cual era muy importante en ese momento); era respetuoso, paciente, cariñoso y amable. Noemí probablemente notó todas estas cualidades porque ella mandó Rut a bañarse, ponerse perfume y ponerse su mejor ropa. Después de eso, mandó que Rut fuera a donde estaba Booz para descubrir sus pies y acostarse allí. En esos tiempos, ese acto indicaba que la mujer estaba dispuesta a ponerse bajo la protección del hombre en forma de matrimonio. El hecho de que ella hizo todo lo que su suegra le pidió demuestra que quería casarse con él.

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Cuando la notó, él respondió diciendo: «Que el Señor te bendiga, hija mía. Esta nueva muestra de lealtad de tu parte supera la anterior, ya que no has ido en busca de hombres jóvenes, sean ricos o pobres. Y ahora, hija mía, no tengas miedo. Haré por ti todo lo que me pidas. Todo mi pueblo sabe que eres una mujer ejemplar. Ahora bien, aunque es un poco más cercano que yo. Quédate aquí esta noche. Mañana, si él quiere redimirte, está bien que lo haga clic. Pero, si no está dispuesto a hacerlo, ¡así es como el Señor vive, te juro que te redimiré! Ahora, he estado aquí hasta que amanezca» (Rut 3:10-13 NVI 1999) Su decisión demostró por primera vez que él realmente la cuidaba y era desinteresado. Este es el verdadero amor.

Esta historia no es una película de Hollywood, pero es un ejemplo de una relación en donde la pareja permite que Dios los guíe. No se enamoraron por un beso, ni mencionaron si era por sus buenas apariencias. Fue verdaderamente una unión puesta por Dios y se puede notar por todas las coincidencias especiales. Dios los bendijo. Su amor basado en la generosidad y el amor por Dios es exactamente en lo que debe basarse una relación cristiana.

 

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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