Como cristianos, sabemos que la muerte solo es una puerta para avanzar a lo que sigue más allá. Ese destino final es el verdadero hogar al cual debemos ir. Tenemos la esperanza de pasar la eternidad con Dios, y esa certeza nos produce paz y tranquilidad. No obstante, con mucho pesar informamos el sensible fallecimiento de Don Juan Romero. Su muerte nos produce una profunda tristeza. El dolor que sentimos por su pérdida no puede expresarse con palabras.

Juan Romero fue parte de nuestro equipo, de nuestra familia, en CVCLAVOZ. Con su ejemplo, él nos guió y ayudó. Con su humildad nos enseñó que toda la gloria siempre se le debe dar a Dios. A través de él pudimos ver que nuestro Señor siempre es justo y misericordioso con quienes le aman y son fieles. Gracias a su vida fuimos bendecidos en más de un aspecto. Por éstos y otros motivos es que nos conmueve la partida de su presencia física. Como seres humanos, nos duele el pensar que ya no lo volveremos a ver más en esta Tierra, que su alegre sonrisa y su carismática personalidad ya no estarán con nosotros. Extrañaremos no verlo en nuestro lugar de trabajo y fuera de él. Sin embargo, sabemos que éste no es el final.

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Desde que le entregó su vida a Jesús, Juan Romero estuvo seguro de a dónde iría después de la muerte. Tenía la plena convicción de que no fuimos creados para permanecer eternamente en el mundo, sino que nuestro verdadero destino es estar con nuestro Creador en el cielo.
Estamos convencidos de que ahora mismo, Don Juanito está gozando de la presencia de Dios. Nos sentimos en paz porque sabemos que en estos instantes, él está en el lugar que siempre debió estar: con su Padre Celestial. Estamos seguros de que cuando llegó a las puertas del cielo, hubo un gran regocijo, y que Dios le dijo: “Bien hecho, siervo fiel. Entra al gozo de tu Señor”.

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