“Pero te confesé mi pecado, y no oculté mi maldad. Me decidí a reconocer que había sido rebelde contigo, y tú, mi Dios, me perdonaste.” Salmos 32:5 (TLA)

El rey David después de haber pecado, no tuvo paz. Buscaba ocultar su pecado por todos los medios posibles y esto mismo cada vez lo alejaba más de Dios. Una vez confrontado, reaccionó y finalmente pudo ver claramente su condición de pecador, por lo cual pidió perdón a Dios con estas palabras: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu. No me alejes de tu presencia ni me quites tu santo Espíritu. Devuélveme la alegría de tu salvación.” Salmos 51:10-12. Si hoy te sientes con falta de paz y reconoces que te has apartado de la voluntad de Dios, acude a Él con verdadero arrepentimiento para que la relación sea restaurada y recibir la paz que tanto necesitas.

Por Danitza Luna

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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