El campamento llegó a su fin, y nos encontramos muy agradecidas con Dios por el tiempo que pasamos rodeadas de gente hermosa, con un genuino corazón de servicio. Un corazón que lo da todo.

La pastora Elena es una de ellas. Estaba a cargo de la limpieza de un sector del campamento. Ella y su equipo se esmeraban en asegurarse de que no faltara nada. Tomando en cuenta que el espacio del campamento es tan amplio, me sorprendí al saber que estuvo tres meses en el hospital después de un aparatoso accidente donde sus piernas quedaron destrozadas y necesitó cirugía. La rescataron usando una cierra y no le dieron garantía de una recuperación completa. El accidente ocurrió cuando estaba camino a servir en otro evento. Me dijo:

–Quería limpiar con antelación antes de que llegaran los invitados; si empiezo a limpiar 3 días antes puedo limpiar varias veces y el olor es diferente, quedo más limpito todo, se nota la diferencia.

Me contó que la compañera que la iba a conducir al hospedaje que tenía que limpiar llego con un vehículo en malas condiciones.

–Botaba aceite por debajo, y humo por arriba –afirmó.

Entonces ella llamó a su esposo para que las llevara al lugar. Él servía en otro lado trabajando para armar la tarima que se usaría para el evento que contaba con la participación de un reconocido pastor de Guatemala. Así los tres salieron a toda velocidad rumbo al lugar que las damas tenían que limpiar, nunca llegaron a su destino. En una intersección sin previo aviso un autobús cruzó la luz en amarillo y se estrelló contra la camioneta GMC que conducían. Según me cuenta la pastora, los fierros del otro vehículo entraron por la ventana y la dejaron prensada entre fierros y asiento.

–¡Jesús! Fue lo único que pude gritar cuando vi lo que venía –dijo la pastora–. Hasta el día de hoy los médicos y los rescatistas dicen que era imposible que los fierros no alcanzaran mis órganos vitales.

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Y efectivamente, me mostró las huellas de su brazo donde tocaron los fierros sin llegar a traspasar hasta llegar al cuerpo.

–El nombre que es sobre todo nombre –fue lo único que pudo decir la pastora Elena en ese momento de pánico instantáneo.

Y fue lo único que necesito. A pesar de que su pierna sufrió serias heridas, su tibia fue destrozada y los medicos no lo descubrieron cuando ingreso de emergencia, eso también fue parte del milagro. Una doctora amiga la visitó y le dijo:

–Si hubieran descubierto todo el daño que tenías en la pierna en el momento del ingreso inicial al hospital, te hubieran amputado la pierna.

Según ella, al intervenir días después los médicos con otro cuadro de expectativa escogieron remover los pedacitos de hueso poco a poco y salvar la pierna.

Si bien es cierto que la pastora pasó tres meses en cama y luego varios mas en silla de rueda su fe en Jesús la sostuvo.

Me contaba su historia y repetía constantemente:

–Soy un milagro tras milagro.

Mientras yo la escuchaba, no salía de mi asombro. Aun cojeando un poco se desliza de un lado a otro abrazando gente, preguntándoles si necesitan algo: ¿agua caliente?, ¿toallas limpias?, ¿frutas frescas?… Su servicio y compromiso con Dios resuena tan alto como los parlantes que retumban en las noches con la música de los conciertos.

Si me preguntan qué me llevo de Montevideo, Uruguay, diré que llevo a la pastora Elana y a los cientos de hombres y mujeres que sirven desinteresadamente y creen en el nombre de Jesús en los momentos difíciles y no se cansan de hacer el bien.

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