Si estás cansado, en tu lugar cerraría este artículo e iría a dormir una buena siesta. Ya que lo único que repara el cansancio, es descansar. Si al despertar no se te pasa, quizá sea bueno que sigas leyendo lo que viene.

Deuteronomio 33:25 dice – Así como tus días, serán tus fuerzas –
Cuando Dios nos hizo, deposito en nosotros la energía suficiente para cada día de nuestra vida, por eso a cada día le llega su noche, para descansar. A diferencia del cansancio, el agotamiento no tiene nada que ver con el desgaste físico, sino más bien el emocional.

Si me permites, me gustaría mencionarte cuales son algunas de las cosas que hacen que las horas de descanso, aparentemente, no rindan.

  • Nadie puede tener el control de todo, pero obstinadamente muchos de nosotros lo intentamos hasta el hartazgo, eso agota.
  • El resentimiento por aquello que nos afectó al no poder dejar ir la ofensa, eso agota.
  • La ansiedad de querer que todo sea ayer para que salga a nuestra manera, eso agota.
  • El perfeccionismo que distinto es a la excelencia, eso agota.
  • La rutina que produce aburrimiento, eso agota.
  • Las comparaciones que nos llevan a una autocrítica constante, eso agota.
  • La preocupación por lo que sabes que solo no podrás resolver, aunque lo intentes, eso agota.
  • Querer cambiar a otras personas, cuando sabemos que jamás tendremos semejante poder, eso agota.
  • Dilatar decisiones creyendo que el mundo no podrá seguir sin nosotros, eso agota.
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Aunque la presión sea necesaria, algunas veces, para ajustar algunas “tuercas sueltas” ninguno de nosotros nació para vivir en ese estado constantemente, el agotamiento va prácticamente de la mano con el orgullo.
Dios nos dejó en sus mandamientos una resolución acerca del respeto por el reposo, y Jesús nos invita a llevar nuestras cargas a Él para poder descansar.
Todos tenemos puntos vulnerables y no por eso dejamos de ser humanos con un propósito, la única forma en la que el agotamiento salga de nuestro camino es soltando ese peso que nos agobia.
Cumplir el propósito de Dios para nuestra vida, es lo mejor que nos puede pasar; pero si en el camino el agotamiento, por querer hacerlo a nuestra manera, nos quita la vida… ya no habrá propósito que valga.

“La gente más feliz no es la que tiene lo mejor, sino la que hace lo mejor con lo que tiene”

 

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