“La vida está hecha de relaciones” es una frase que sostengo cada vez que hablo con colegas, algunas de ellas sacan lo mejor y  otras no tanto, pero así se va formando nuestro carácter.

De niños nuestra ingenuidad nos lleva a decir cosas fuera de lugar, nadie nace con sentido de ubicación… pero si no lo vamos tratando con el tiempo, llegaremos a una adolescencia donde  “decir lo que pienso” y “largar cosas sin pensar” se vuelve prácticamente lo mismo.

No somos responsables de lo que el otro interpreta, pero sí de lo que decimos… y sobre todo el cómo lo decimos.¿Has reflexionado alguna ves en estas frases?

  • Si me hubiese dicho exactamente lo mismo, pero en otro tono, el final hubiera sido distinto.
  • Dije lo que pensaba pero no de un buen modo.

Si te ha pasado, es porque el problema no radica en qué mensaje queremos dar, sino como lo hacemos.
Cada uno tiene un carácter particular y vive un proceso distinto. Sin embargo, esas no son excusas para “mal” decir lo que intentamos comunicar.

Saber expresarse es todo un arte, y para ello necesitamos:

– Entender que el mundo gira muy rápido, lo que uno siembra eso también cosecha.
– Si nos encontramos en una discusión, no ponerse en la misma postura que la otra persona cuando se grita. De esa forma no nos escuchamos.
– Establecer los límites con respeto y serenidad.
– No contestar de la misma forma que la otra persona lo está haciendo (si no quieres jugar al ping pong, no devuelvas la pelota).
– Ubicarnos en tiempo y forma en el lugar donde estamos hablando, incluso si es en una ambiente familiar.  Lo que dices puede causar un efecto inesperado.
– Exponer un punto, no es lo mismo que hacer pensar a otra persona de la misma manera… “Cuando dos personas piensan igual, hay una que no esta pensando”. Respetar la opinión del otro, sin intentar cambiarla
– Recordar que nuestras palabras pueden convertirnos en personas de influencia o terminar siendo uno más del montón.

Te interesa:  ¿Tienes una comunicación cercana?

Puede que a esto respondas “no me interesa lo que la gente de piensa de mi” y es muy válido también, pero recuerda que si tú estás aquí es por un propósito. No olvides que  cuando Dios te hizo, lo fue a su imagen y semejanza, por ello, hay una reputación que debes cuidar. 

Lo que sale de nuestra boca puede generar vida o muerte, cerrar o abrir puertas por eso, debemos ser conscientes de que nada de lo que digamos queda sin peso sobre el oído de otras personas.

Lo que decimos y hacemos viene como resultado de lo que pensamos, si todo eso es en armonía entonces podremos ser ÍNTEGROS (la coherencia entre lo que digo y lo que hago)

 

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