Hace unos diez años o más – la cosa es que ya no me acuerdo bien – estaba hablando con una doctora que quería ayudarme a resolver mis conflictos psicológicos a causa de recientes y catastróficas rupturas.

En un momento le dije algo como “lo que pasa es que a estas alturas…” y me interrumpió rápidamente: “Nada de ‘a estas alturas’, me dijo, la vida no ha terminado”. Es verdad, pero igual…

A estas alturas ya no me importa si salí de mi casa con el pelo desordenado o si la gente se da cuenta que mis calcetines tienen un corte para que no me lastimen la piel.

A estas alturas me halaga, en lugar de ofenderme, que me digan algo como “Eres como los niños”. Tengo una resistencia persistente y orgánica a madurar.

A estas alturas no me seducen los romances o enamoramientos vespertinos, aunque fui enseñado recientemente que al amor hay que respetarlo en todas sus expresiones, aunque uno sea un exiliado voluntario de sus territorios.

A estas alturas me acurruco en el rincón más agradable de mi jardín secreto; allí me sale el habla que les mento aquí y también ciertas reflexiones inconfesables respecto de doctrinas, instituciones y señores gobernantes. Verdaderos interesados pueden consultarme en mi correo personal.

A estas alturas derivo rápidamente a los jóvenes toda visión sobre proyectos de alcance mundial y las grandes producciones que se proponen llegar a todos los rincones del planeta. Me pasa que no puedo creer que el amor de Dios sea reemplazado por artilugios virtuales diseñados a considerable distancia de la realidad.

A estas alturas ya no me sale inclinarme respetuosamente ante los dignatarios, los miembros del sagrado colegio y sobre todo ante esas criaturas devenidas celebrities que inventaron una canción, una película, un sistema de auto ayuda magnífico o un personaje chistoso. Sobre todo, ante ellos no. Si no puedo evitar estar en la zona me quedo a cierta distancia procurando por todos los medios pasar absolutamente inadvertido.

A estas alturas procuro diligentemente seguir confrontando mis creencias a ver si todavía puedo descubrir cosas nuevas y conquistar más espacios de libertad, paz e independencia de funcionarios y controladores.

A estas alturas, al menos esas cosas me puedo permitir, ¿no les parece?

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