Me pidieron realizar un conocido examen sobre fortalezas y debilidades debido a que formo parte de un equipo de personas que debía rendirlo. Hace varios años, en un encuentro de capacitación, hicimos este mismo ejercicio que permite detectar, según sus creadores, ciertas fuerzas que operan cuando una persona se desempeña en sus relaciones personales y de trabajo. Por cierto, estos estudios son una aproximación. Me parece imposible que un juego de preguntas pueda determinar con exactitud el comportamiento humano dado lo diverso y singular que éste es.

Algo interesante pasó, sin embargo. Algunas cosas fueron distintas esta vez en los resultados de mi perfil anterior. No hay duda que el tiempo y las experiencias van transformando la vida de un modo sutil y sus efectos se van notando a través de los días. No sé si otras personas retienen rigurosamente sus características. Tampoco puedo afirmar si eso es necesariamente bueno o malo. Lo que está claro es que las certezas y motivaciones fundamentales no son completamente estáticas. No puedo decir si me agrada el resultado de hoy o prefiero el de entonces. Hay quienes consideran que permanecer firmes en ciertas ideas es una virtud.

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Morfeo, uno de los personajes de la película Matrix solía decir: “Algunas cosas cambian todo el tiempo; hay otras que no cambian nunca.” Es una saludable percepción. Permite al corazón y la mente estar abiertos a lo nuevo y reconocer lo que debe permanecer. Exige la humildad de reconocer que nosotros, los de antes, ya no somos los mismos. Es un consejo para revisar lo que pensamos y lo que creemos. Lo pone a uno en la situación de darse cuenta que nuestro discurso ya no se condice con la práctica observada por los otros. Resistimos el juicio que hacen de nosotros porque nos seguimos sosteniendo en una imagen que ya no corresponde a la realidad.

Me toca admitir que la empatía de antes ya no es la misma y que me he vuelto más introspectivo. Que me habita una mayor inclinación a la soledad y a la lectura. Que me voy volviendo más escéptico a los clichés y a las visiones totalizadoras de la realidad. Que se agranda, ya lo hemos visto, la distancia entre el corazón, la mente y el esqueleto.

No todo cambia. Pero algunas cosas sí…

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