Hace cinco años mi amigo Juan Mark Gallardo me propuso publicar en este espacio varios artículos semanales. Comencé escribiendo uno por día y luego se fue acomodando hasta la frecuencia que tiene hoy. La experiencia ya supera las setecientas entregas y siempre le agradezco la invitación, especialmente porque me permitió publicar sin censura previa… ni posterior.
Igual me autocensuro un poco. Así, nadie hasta ahora le ha escrito para quejarse del algún contenido vertido aquí. Por lo mismo: uno se guarda de traspasar ciertos límites invisibles a veces por inteligencia y las más veces, supongo, porque la remuneración alcanza para “ganarse” la vida.
He hablado de muchas cosas, sin embargo. Hace unos dos años Angel Galeano, mi amigo que conduce el programa “Más Vale Tarde”, me invitó a comentar algunos artículos en un espacio los días jueves. Eso permitió que aumentara un poco la lectura de mis notas.
Una vez, un reconocido cantante evangélico sufrió un accidente mientras esquiaba en la nieve y la noticia alcanzó miles de lecturas en pocas horas y se llenó de buenos deseos, promesas de oración y certificada solidaridad. El tres de septiembre de 2015 escribí una columna sobre Aylan Kurdi, un niño que apareció muerto en la playa como crudo testimonio de las atrocidades que sufren los refugiados que mueren en el mar intentando alcanzar un mejor mundo; dos años después el artículo no ha merecido más de mil lecturas. Ironías que ilustran los intereses de nuestra comunidad evangélica.
Aquí no se ofrece autoayuda. No citamos versículos que ilustren verdades resabidas para alivio de las atribuladas conciencias de los creyentes que por alguna misteriosa razón, a pesar de que proclaman que tienen vida victoriosa en Cristo, no terminan de comprender qué es lo que eso significa y necesitan continuamente devocionales, solemnes interpelaciones, desafíos inspiracionales, iluminaciones y seminarios sobre los más variados asuntos de la vida.
Aquí intentamos ocuparnos del mundo, de la vida extramuros, de la ciudad, de la miseria y de la grandeza de la especie, de los sentimientos y las emociones que promueven alguna contemplación poética y también, por qué no decirlo, de las intrincadas complejidades del cangrejo y del círculo, del ser y de la nada – a veces del mar -, todo ello material incomprensible y extraño para la inmensa mayoría.
A veces, inopinadamente, se incluyen algunas historias personales que lo exponen a uno al ludibrio público, motivo por el cual se ha ido reduciendo notablemente la presentación de tales asuntos.

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(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

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