Lo bueno, si breve, dos veces bueno

(Baltasar Gracián, Oráculo Manual y Arte de Prudencia)

“Excuse el Discreto de embarazar y mucho menos a grandes personajes, que viven muy ocupados, y sería peor desazonar a uno de ellos que todo lo restante del mundo. Lo bien dicho se dice presto.”  Con estas y otras palabras explica Baltasar Gracián su sentencia sobre la brevedad del texto. En los días que vivió, el Siglo de Oro (siglo 17) de la literatura española, efectivamente había un exceso de verbo y florituras que oscurecía el significado de las cosas o simplemente era un cansancio a los ojos.

En la universidad nos hacían presentar un tema a la clase en sólo cinco minutos como un ejercicio para la brevedad y la precisión. Mientras menos tiempo había que exponer hallábamos que era más difícil preparar la presentación. Es que no sólo debía ser breve: debía ser bueno.

Asistí por un tiempo a una iglesia cuyo pastor predicaba una hora y cuarenta y cinco minutos los domingos a la noche. “Soy de tiro largo”, aducía no porque le preocupara el cansancio de su audiencia sino para explicarse. Yo solía levantarme y salir a dar un paseo – no muy breve – por la plaza enfrente del templo pensando: “Si no lo dijo en media hora, ya no lo dijo… O ya lo dijo, pero se está repitiendo”.

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Estos dos ejemplos renuevan la validez de las palabras de nuestro autor. Sin embargo, si hubiera vivido en nuestra época y le tocara leer los comentarios que siguen a un posteo de Twitter u otras redes similares, se habría aterrado. En 280 caracteres se puede desparramar tal cantidad de basura, odio y estupidez que el pobre Gracián pediría a gritos regresar al siglo 17. En este mundo “social” la brevedad no es, ni con mucho, algo bueno. Umberto Eco decía que hay grandes y bellas breves ideas, por ejemplo “Ama a tu prójimo como a ti mismo” pero que hay poquísima gente en el mundo que puede acuñar tales joyas con esa mínima extensión.

Hace un tiempo, en un seminario de capacitación para comunicadores propuse que para escribir y presentar grandes ideas en poco espacio es necesario haber sido entrenado en las grandes extensas ideas; es decir, haber leído y haber pensado un buen poco. Resumir grandes ideas es un arte porque al reducir la cantidad de palabras tiene que conservar intacto su poder y ser comprendidas por la mayoría.

Breve… pero bueno.

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