De médico, de poeta y de loco todos tenemos un poco” es un adagio que debo haber oído cuando era un adolescente.

Cuando decidí hace ya muchos años abandonar mi trabajo como publicista y abrazar la profesión misionera, uno de mis más importantes clientes me dijo: “El mundo necesita médicos del alma”, dándome así en cierto modo su bendición.

De mis inclinaciones a la poesía – a la prosa poética más bien – dan cuenta los cientos de páginas que he escrito hasta hoy, la mayoría conservadas en secreto y en formol por razones de fuerza mayor.

Quienes han seguido hasta aquí en este blog mis desbordes podrán concordar que de loco también tengo un buen poco. Así que el proverbio en cuestión me calza bastante bien y pretendo dedicar unas líneas a este intrigante asunto de la no tan incipiente locura que me habita.

Si la locura es esa inclinación constante a creer que un día los pequeños, los arrinconados, los marginados, los pocos, pueden arrebatar a los poderosos del dinero y de las jerarquías el mango de la realidad y pintar de colores la cara del mundo, estoy loco.

Si la locura es poder percibir esa reverberación que el sol de la tarde produce en los parques en el verano y maravillarse de ese halo de irrealidad que lo inunda a uno cuando está justo a contraluz y el tiempo es un interminable y estático segundo, estoy loco.

Si la locura es resistir la precariedad del discurso de los dirigentes y aquella inefable incapacidad que tienen para entrar en contacto con la realidad saliéndose de sus confortables teoremas, sus cinco pautas y sus trece declaraciones de principios, estoy loco.

Si la locura es negarse para siempre a hacer reverencias y cantar las alabanzas de los ídolos, los líderes ministeriales, los dignatarios y las personalidades y hacerles en cambio preguntas impertinentes o simplemente abandonar el recinto, estoy loco.

Si la locura es maravillarse con el aroma de las lavandas y las buganvillas, enamorarse de la profesora de francés a los quince años y quemar de grande todas las naves contra toda lógica porque ha llegado la hora de salir en busca de uno mismo aunque cueste la vida, estoy loco.

Si la locura es haber llegado hasta aquí a pesar de que las muchas razones de peso que hay para haberme retirado antes en forma perentoria, estoy loco

Definitiva e insanablemente loco…

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