¡Si los pueblos supieran usar los pulmones como vos, los dictadores se las verían realmente en figurillas!

(Mafalda, una tira cómica de Quino)

En una ilustración que vi el otro día la pequeña Mafalda le habla a su nuevo hermanito que ha llorado a todo pulmón en la cuna. Cualquier exploración en internet sobre Mafalda va a dejarles ver la aguda ironía con la que Quino reflexiona sobre el mundo y la vida.

Cuando vi el dibujo no pude sino recordar unas palabras del protagonista de la película “V por Venganza” (V for Vendetta, en inglés): El pueblo no debería temer a sus gobernantes, los gobernantes deberían temer a su pueblo.

¿Por qué los dictadores y los autócratas permanecen en el poder? La respuesta obvia es porque controlan las fuerzas armadas, la justicia, las leyes y han neutralizado a los medios de comunicación. Pero sobre todo porque controlan el poder militar. Cualquier conato de rebelión será aplastado por la fuerza de las armas.

Sin embargo, hay instantes en la historia en que los pueblos, a pesar de su indefensión, se levantaron y a precio de muerte conquistaron su libertad. De algún modo se organizaron y a pesar de toda desventaja disolvieron el poder.

En una escala menor, en instituciones compuestas por personas organizadas bajo alguna estructura suele replicarse un estado de cosas parecido. Un grupo conducido por un líder carismático controla todo y se fortalece con una serie de instrumentos ya clásicos en el estudio de las tiranías: culto a la personalidad del líder, un discurso hegemónico que se afirma como verdad única, la construcción de un enemigo común que desafía la existencia misma de la institución, el control financiero sumado a la recolección compulsiva de los aportes en dinero de los miembros. 

Resulta intrigante la sumisión de tanta gente a tan pequeño grupo de personas. A veces lo que parece es que las personas llegaron a convencerse a sí mismas que el poder que las controla es natural y que la discrepancia, además de inútil, es mala. Es decir, el mayor poder de control ya no es externo sino que, habiendo conquistado la mente, se hace interno. El discurso proveniente de arriba ha conquistado definitivamente el pensamiento y erradicado la disidencia y la duda.

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Queda para la reflexión lo que podría suceder si las personas antes de desafiar al poder pudieran confrontar su propio pensamiento y abrirse paso hacia su liberación.

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