Después de tanta palabra, después de tanta declaración, después de tanta intención lo más seguro es que no quede nada no más. Como el antiguo proverbio: estela en el mar, camino de serpiente en la roca, marca de hombre en la piel temblorosa.

Tanto decir, tanta pronunciación alterada, tanta marea que sube por los costados, nunca por los senderos de la costumbre y que no se registra en los anales de la oceanografía ni entra en los índices pluviométricos del sistema.

Un descubrimiento singular, un diseño inteligente, una tontera pasajera, una volada imprevista, un mensaje universal, una “biblioteca mental”, un poemita insulso, un cúmulo de huesos descalabrados, palabras al viento.

Todo ello mezclado con llamativos réclames de felicidad inmediata y garantías futuras, textos que salvan el día, anuncios de espectaculares y asombrosos acontecimientos.

Uno siembra al viento. Algunas semillas cayeron en un barrito providencial y florecieron amapolas. Pero el viento, el viento se llevó la mayor parte de ese pretendido corpus, de esa epopeya viviente; no quedará más que un nombre, una nostalgia, un mohín imperceptible, papeles amarillos, fotografías viejas, unas remeras grises usadas, una taza de té que se enfrió.

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En 1818, dos meses antes de ser asesinado por los sicarios del régimen imperante, el guerrillero chileno Manuel Rodríguez lanzó un grito desesperado: “¡Aún tenemos patria, ciudadanos!”

Considerando las abrumadoras transformaciones sociales y del lenguaje que han tenido lugar con el paso del tiempo, el grito éste se siente un poco ingenuo y harto demodé, pero de algún modo registra la estúpida idea de que los sueños son inmortales, la extraña impresión de que hay algo que debe ser dicho antes de morir.

Así prosigue entonces, impenitente, la persistencia del loco, la manía del ingenuo, el afán del inconsciente, la penosa travesía hacia ninguna parte.

Téngase en cuenta que impenitente significa tanto persistencia en el error como obstinación en el pecado sin arrepentimiento, así que queda al arbitrio de la amable audiencia – o no tan amable – el tipo de estimación que pueda otorgar a estos desvaríos de fin de semana.

Colofón:

Este artículo se terminó de escribir una mañana de febrero, con 37 grados a la sombra y una importante disfunción estomacal que inhabilita toda posibilidad de mejor ánimo para decir cosas estimulantes y optimistas.

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