En la definición del concepto “política” se incluye casi siempre la idea del ejercicio del poder con el fin de lograr un cierto bien común para el progreso de la sociedad; invoca la noción de servicio público. En la mayoría de los países del mundo las personas que acceden a esa función de poder son elegidas por los votantes.

Hay casos conmovedores de líderes políticos que ejercieron su función con altos estándares de austeridad, integridad y humildad. Es común escuchar a personas mayores referirse a cierto presidente que caminaba por la calle como un ciudadano común, que nunca acumuló riqueza o que fue severo en la administración de la justicia contra los corruptos. En los tiempos que corren la política en casi todos sus niveles nos ofrece el triste y desalentador cuadro de funcionarios que, en uso y abuso de sus facultades políticas, se han enriquecido, han ordenado – o concedido que se cometan – asesinatos, han formado parte de organizaciones mafiosas destinadas a vaciar las arcas fiscales para su propio beneficio, usted nómbrelo. Pero no les voy a aburrir con este lugar común. Basta leer la prensa o mirar los noticieros de televisión para corroborar tan siniestro panorama.

El lado oscuro de la política que señalo es el de las tramas que se usan en las altas esferas para promover o neutralizar personas, las reuniones secretas para armar planes de desestabilización social a fin de lograr que la mayoría de la gente pida a gritos algo que los dirigentes desean para asegurar la continuidad de su poder, las estrategias para que ciertos personajes hagan o no hagan algo que conviene al poder.

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Las personas que juegan ajedrez entenderán este punto. Esa capacidad de ciertos políticos para decir y planear cosas como: “Mira, si movemos esta pieza de aquí, lo más seguro es que el enemigo va a mover esa de allá; entonces, hagámosle creer que nuestra intención es ésta para que tome tal decisión que nosotros vamos a aprovechar para lograr esto otro”.

Cualquier persona que haya vivido cerca de ciertas esferas de poder en el campo político, en el de las empresas y en el de las iglesias, sabrá de que es lo que estoy hablando. Hay un momento en que la inocencia se pierde, la ingenuidad del amor al servicio público se transforma en cálculo y la inmensa mayoría es servida como plato principal en la mesa del poder.

(Este artículo ha sido especialmente escrito para la radio cristiana CVCLAVOZ)

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