“Dos cosas me pueden ocurrir: que gane o pierda. Y estoy preparado para las dos cosas.”

(Michael Landon, actor estadounidense)

Con estas palabras caracterizó su destino el recordado actor de la serie Una pequeña casa en la pradera en una entrevista a la revista Life en 1991. Le habían encontrado un cáncer terminal a causa del cual murió unos días después.

No hay misterio en las opciones frente a la muerte. Se gana o se pierde. Lo extraordinario es estar preparado para ambas cosas. Sin embargo hay algo más profundo en estas palabras: estar preparado para morir.

¿En verdad uno puede estar preparado? Me apresuro a decir que esta pregunta no trata con aquello de estar a cuenta con Dios. Hay harta literatura y discurso sobre esto. Yo estoy explorando otra cosa.

¿Cómo se prepara uno para morir? ¿Se trata de arreglar los asuntos familiares, legales, económicos – si los hay? ¿Es resolver de algún modo el terror al no ser?

Uno de mis mejores amigos se encuentra en una situación similar. Hace unos días me dijo: “No tengo miedo de morir. A decir verdad, tengo hasta curiosidad. Lo que tengo es bronca de perderme lo que viene. Creo que estamos cerca de un momento trascendental en la historia y me gustaría estar aquí para cuando suceda”.

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Es curioso que la palabra clave sea perder. En inglés las personas dicen: “Lamento mucho su pérdida.” ¿Perdemos al morir? Claro. Perdemos el contacto, la presencia. Dejamos de estar al alcance de lo conocido, de lo que queremos y de lo que no. Se nos escapa la posibilidad de lograr por fin las cosas que anhelamos. 

Pero, ¿no ganamos? Tal vez sí. Digo tal vez porque no es posible referirse con certeza al después. Pero puede que se supere para siempre el límite del cuerpo. Que se escape a la dominación del tiempo. Que se disuelva la memoria de las penas y los daños de nuestra torpe humanidad – aunque para quienes quedan tal vez no…

La frase de Michael Landon invoca la plenaria realidad de la muerte. Pero no todas las personas piensan en ello. Jean Grenier, en su libro Las islas, hace decir a uno de sus personajes: “La diferencia entre ellos y yo es que ellos no saben que van a morir.” Todos sabemos que moriremos, pero no todos nos ocupamos en ello.

Si es ganar o perder, después se sabrá…

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