En la reciente antigüedad (cuando yo salía de la adolescencia) si alguien estaba enfermo o de cumpleaños o terminaba su secundario o una carrera o era promovido en su trabajo, uno le hacía una visita.

Si era imposible visitar, uno hacía una llamada telefónica y/o enviaba una tarjeta que rubricaba a mano, normalmente comprada en Village, una famosa tienda del ramo.

La visita y/o la tarjeta expresaban de una manera personal nuestra alegría o tristeza según de qué acontecimiento se tratara.

Con el advenimiento de internet y particularmente de las redes sociales se ha universalizado la costumbre de enviar saludos o condolencias en forma virtual, casi siempre tomadas de una fuente de plantillas para cada ocasión.

Semejante forma no requiere más que un poco de habilidad en el manejo de estos artilugios cibernéticos. Así, la persona se ha ahorrado una visita, una llamada telefónica, y desde hace siglos más o menos, una ida a comprar una tarjeta e ir al correo para enviarla.

Eso por una parte.

Por otra, se ha generalizado la costumbre de enviar versículos, mensajes positivos y entusiastas con paisajes bucólicos, tiernos animalitos o mini videos con dulcísimos mensajes.

Aquí cosa se pone difícil porque se envían a una lista de contactos o la ponemos en nuestra red social de modo que lo más probable es que no acertemos en el mensaje con varias personas.

Una persona que esté con una enfermedad terminal, gastando sus últimos recursos humanos en no desmoronarse recibe un luminoso mensaje que dice: “¡Demos gracias a Dios por un nuevo día de vida y salud!”

Alguien acaba de perder a un ser querido en un horrible accidente causado por un conductor ebrio y le llega tu mensaje que dice algo como: “Cuando Dios cierra una puerta, siempre abre una ventana”.

Y cosas por el estilo.

¿No me agradan los mensajes genéricos que son enviados con desconocimiento absoluto de las situaciones de las personas a las que se los enviamos? No, absolutamente.

¿Me agrada la costumbre de enviar mensajes oportunos, adecuados, bien pensados, discretos y respetuosos? Sí, absolutamente. El trabajo que se den con esto puede reflejar algo de verdadero interés en las personas.

Un amigo recibió en su celular mensaje genérico que auguraba: “Hoy puede ser un gran día”, minutos antes de entrar a una audiencia de divorcio que prometía ser uno de los peores días de su vida.

Y lo fue, se los puedo asegurar…

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