Inercia (del lat. inertia, indolencia, inacción) f. Fís. Propiedad de los cuerpos de mantener su estado de reposo o movimiento si no es por la acción de una fuerza.

(Diccionario de la Real Academia Española)

Cuando miramos todo lo que nos rodea y vemos lo difícil que es intervenirlo de un modo tal que puedan mejorar las condiciones actuales por lo general nos decimos algo como, “Así son las cosas; no hay nada que podamos hacer”. Una pequeña acción, ¿cómo podría cambiar la dirección de todo? Es mucho lo que habría que hacer, no hay recursos, son tan pocas las personas que se comprometerían, en fin.

Una idea que termina con cualquier esperanza o acción posible es que todo lo que ocurre forma parte de un plan infinito y superior, o es obra del destino o de una fuerza espiritual inmutable. Todo está escrito y sigue un curso que no es posible modificar. El libre albedrío sería, según esta óptica, una ilusión: creemos que tomamos decisiones o que influimos pero todo está finalmente determinado por el plan.

Una de las cosas más difíciles de dilucidar – y quizá por eso no se hable mucho del tema – es cuál sería el valor de la oración y de la esperanza si todo obedece al plan. ¿Cambia algo efectivamente si uno eleva sinceras rogativas? Y si algo cambia, entonces el plan no es inmutable, es posible intervenirlo. O es que algunas cosas serían inmutables y otras serían modificables. Pero, ¿cuáles son las que pueden cambiar y cuáles no? ¿Cómo poder saber que haremos la diferencia si lo que queremos hacer diferente pertenece al reino de lo inmutable?

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He recibido de algunos alumnos míos la pregunta obvia: ¿Por qué Dios no interviene, si es todopoderoso, para que las cosas no marchen tan mal? O al menos que haga que no sufran las personas inocentes o los animales indefensos. He oído tantas explicaciones como tantos maestros he tenido que me han enseñado sobre estas misteriosas materias. Así que no tengo la cosa mucho más clara que la audiencia que presta atención a estas líneas peregrinas.

“Son los últimos tiempos” es una de las explicaciones más comunes en nuestro medio. Así que no más resta portarse bien, hacer lo que nos toca hacer y esperar que un día nos vayamos de aquí. Una forma cómoda de mantener el estado de reposo.

Las preguntas son malas consejeras, ¿viste?

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