Todos en algún momento hablamos de tratar de transmitir el mensaje, el evangelio, pero de una manera más “normal”, “menos religiosa”… pero, ¿quién tiene la medida, las palabras exactas, la “retórica precisa”, quién decide la media, digamos, de lo correcto en ese caso?

Es que ningún extremo es bueno. Hablar de todo lo que tiene que ver con Dios, como algo muy ligero para que sea mejor aceptado por alguien que aún no conoce la verdad, podría ser contraproducente. Es muy diferente decir lo que uno opina, que tratar de transmitir un mensaje de la Biblia haciéndolo más entendible. Eso si está bien… siempre y cuando no se cambie el mensaje.

Para todo debemos tener un balance. Jesús cuando vino, mostró que le molestaba la religiosidad. Otro término sería la hipocresía, ya que eso era lo que sucedía con los saduceos y fariseos. Les encantaba hacer largas oraciones en público para que la gente los admirara, les gustaba estar en los asientos más importantes en los eventos y se jactaban de cumplir con la cantidad de leyes adicionales que ellos mismos agregaron a los diez mandamientos, que de por sí, ya los diez nos cuesta cumplir y Jesús sabía que ellos no los cumplían. Aparte del asunto comercial con los impuestos, las donaciones y tantas cosas que hacían que más bien alejaban a las personas de Dios en lugar de acercarlas.

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Él era judío como ellos pero se leía fervorosamente el Antiguo Testamento, especialmente el libro de Isaías y podemos leer allí como Dios les decía:

«¿De qué me sirven sus muchos sacrificios?
—dice el Señor—.
Harto estoy de holocaustos de carneros
y de la grasa de animales engordados;
la sangre de toros, corderos y cabras
no me complace.
¿Por qué vienen a presentarse ante mí?
¿Quién les mandó traer animales
para que pisotearan mis atrios?
No me sigan trayendo vanas ofrendas;
el incienso es para mí una abominación…»

Jesús usó historias para hablar del Reino de Dios y para poner ejemplos de cómo Él quería que fuésemos. Nadie tiene la “fórmula” y nadie tiene por qué criticar las maneras que tengamos de hablar de Jesús y Sus promesas. Por ejemplo, no hay mejor manera de evangelizar, que contando cómo te ha cambiado a ti la vida desde que conociste a Jesús y entablaste una verdadera relación con Él.

 

 


El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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