Acabo de ver la película The Purge: The election year (La depuración: el año de la elección). La trama se desarrolla en un imaginario Estados Unidos gobernado por los Nuevos Padres Fundadores quienes han establecido un día al año en que por doce horas la gente puede eliminar, por cualquier medio, a los indeseables. Una senadora acusa a los gobernantes de usar esta medida no sólo para quitar de la nación a los malhechores sino para destruir también a todas las personas que reciben ayuda del estado: pobres, indocumentados, minorías marginadas.

No es una joya de filosofía social por cierto pero provoca a pensar en esos políticos que sustentan la idea de que hay que erradicar el mal social de una forma violenta en favor de la gente “buena” y garantizar una estabilidad económica que no sea amenazada por la pobreza.

Me parece que es un buen deseo el que no haya crimen, pobreza y desorden y que se pueda garantizar el orden y el progreso social. Un poder ejecutivo, legislativo y judicial solventes y un modelo económico justo deberían contribuir a ese fin. Pero la historia demuestra lo difícil que es lograr estos fines. Y lo que relativamente se logra está teñido por la corrupción, diferentes modos de opresión e injusticia de manera que los males sociales persisten.

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Pero de ahí a pensar que los modos violentos y dictatoriales son la solución hay una distancia moralmente insalvable. Tendría que haber otros medios y de eso trata el más serio de los asuntos de que deben ocuparse las instituciones de la política, la justicia, la economía, la educación, la familia… y la iglesia.

A lo expuesto por esta película y otras como El cuento de la criada, El libro de Eli, la saga Mad Max y muchas otras se denomina distopía, que a diferencia de la utopía, evoca un mundo futuro que se considera indeseable. Aunque algunas tramas, con todo lo distópicas que son no parecen tan irrealizables. Margaret Atwood, autora de El cuento de la criada, ha dicho que deberíamos luchar con todas las fuerzas posibles para evitarlas.

Aunque no tengo mucha esperanza en un contrato social en el que todas las fuerzas políticas y sociales hagan un pacto por mejorar las condiciones actuales de la sociedad, todavía creo que es el único camino.

¿Será posible que las personas puedan reconocer dentro de ellas lo mejor y aportarlo para mejorar los días?

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