Tengo un amigo que escribe unos Devocionales en pijamas. El devocional es una de las variadas formas que la gente cristiana tiene para acercarse al texto bíblico. Se toma un pasaje de las Escrituras y se le da un breve tratamiento, que usualmente tiene que ver con la consagración, la fe, el amor, la fidelidad, la paciencia o las relaciones humanas.
Quise hacer algo parecido hace algún tiempo. El concepto de pijamas lo veía relacionado con la intimidad del hogar, un espacio privado a saludable distancia de la cotidianidad del trabajo, la ciudad, el mundo exterior. Así que los quise titular Devocionales en overol, con el fin de instalar la idea de una Palabra militante, en interacción en la política, la economía, la cultura, los problemas sociales y otras cosas públicas. Envié uno o dos y me di cuenta que no iba a tener el tiempo para hacer algo así, pensando en los tres artículos que publicamos aquí cada semana en medio de mis otros asuntos de vida personal y trabajo. Así que me propuse otra cosa: incluir en esta columna uno de esos devocionales, quizá cada semana.
Es un hecho sabido que mi lectura de la Biblia me lleva casi siempre por derroteros distintos a los que la mayoría de los cristianos transitan cuando consideran su mensaje. Eso se debe yo creo a que los creyentes son instados a entender la Biblia de la manera en que se la explican los mediadores (maestros, predicadores), por lo que las interpretaciones se ven reducidas al material que han producido los que piensan la Palabra.
Entonces llamé a estas breves entregas Meditaciones inconvenientes. Lo de “inconveniente” se explica porque su lectura provoca casi siempre reacciones contrarias lo cual me pone, supongo, en entredicho con las personas acostumbradas a una lectura predecible del texto. Y a veces la reflexión que uno hace fuera de los márgenes lo pone en una situación incómoda. Inconveniente.
Finalmente he resuelto llamarlas Meditaciones impertinentes porque a pesar de leer los mismos episodios y pasajes que leen todos, siempre hallo una mirada inesperada, un punto invisible, o quizá una conclusión que no se acomoda con la de los señores de la Palabra.
Van a salir a lo menos una vez por semana y voy a usar el modo de las series de TV: Meditaciones impertinentes – Temporada 1 – Episodio 3 (que ya apareció en este blog el lunes pasado).

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