“El ágora moderno, la plaza pública, de la antigua Grecia a las plataformas digitales, otro síntoma más de que evolución de la humanidad no alteró las condiciones más genuinas de las personas”, escribe Milton del Moral en el portal Infobae el 6 de agosto, en un artículo que trata del “linchamiento digital”, la humillación a la que los usuarios de la red someten a quien postea algo considerado inadecuado, discriminatorio o políticamente incorrecto. En la misma nota, Silvia Ramírez Gelbes, experta en lingüística y directora de la maestría en Periodismo de la Universidad de San Andrés (Argentina) complementa lo dicho por del Moral: “No somos originales. No es algo que haya surgido de las redes. En la Retórica, Aristóteles ya habla del discurso que vitupera, del que critica”.
Recojo estos conceptos para agregar algunas ideas más a lo que escribí en “Ultima frontera” hace unos días. Suponer que las nuevas formas de comunicación digital – que tienen su máxima expresión en las redes sociales – han dado origen a un tipo de persona nunca antes visto es una suprema tontería. Se nos quiere hacer creer que la persona promedio en el mundo de hoy no ha existido antes y que por tal motivo deberíamos crear nuevos parámetros de análisis y de comprensión para entenderla.
Digámoslo una vez más: no hay nada nuevo bajo el sol. El hombre es idéntico a sí mismo desde que apareció en la faz de la tierra. Hay muchas más cosas idénticas que diferentes entre el habitante de Sumeria, cuatro o cinco mil años antes de Cristo y un ciudadano contemporáneo de Pampayasta, Caracas o Futaleufú. Hay apenas una distancia cuantitativa entre el garrote cavernario y un smartphone de alta gama: ambos son herramientas.
La naturaleza y el carácter humano responden a ciertas leyes y condiciones fundamentales: el anhelo de identidad, pertenencia y significado, el deseo de libertad y justicia y el anhelo por la paz y la felicidad por una parte; por otra, la ira, el odio, la violencia, el abuso, la codicia y la mentira. Son capacidades y opciones comunes a las personas de todos los tiempos.
La capacidad de tomar distancia de la subjetividad, el vértigo de las redes, de la omnipresencia de internet e identificar la esencia, lo básico del ser requiere cierto rigor mental que encuentra su mejor expresión en el pensamiento crítico, pese a que la mayoría de la gente diría “Déjate de hinchar con tu pensamiento crítico, ¿no te das cuenta que estoy atendiendo mis mensajes de Whatsapp?

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