Me han otorgado hace unos meses una residencia definitiva que vence cuando cumpla ochenta años. Como ven, realmente una residencia definitiva. Me explica solemnemente el funcionario que puedo estar fuera del país hasta dos años sin perderla. Me pregunto dónde pasaría dos años seguidos sin regresar y no encuentro dónde.

Antes de eso tuve una residencia temporal que controlaba mis salidas a fin de no sumar más de seis meses afuera. Y la primera que tuve se llamaba “residencia precaria” y me encantaba decir precaria porque si hay algo precario en la vida… es la vida. Una especie de residencia condicional.

Ayer me dieron el mensaje de un amigo que desea urgentemente hablar conmigo. Sufre un cáncer terminal y quiere verme… luego. 

Hay una línea en una película “Robin Hood, el Príncipe de los Ladrones” (Kevin Costner, María Elizabeth Mastrantonio y Alan Rickman) en la que éste último dice, acariciando la cabeza de un niño: So young, so alive, so unaware of how precarious life can be… (Tan joven, tan vivo, tan inconsciente de cuán precaria la vida puede ser…).

Hay que ser muy irresponsable como para ignorar este hecho si uno tiene más de sesenta años. Me incomoda bastante la gente que quiere hacerme mirar la vida con optimismo, con espíritu joven, con entusiasmo. Está bien eso hasta los cuarenta quizá. Después de eso, se pueden ahorrar sus buenos deseos. Tal vez a veces pueda pasar un buen rato, disfrutar de un paisaje, una comida, una tertulia; pero de ahí a ensayar años dorados como si el horizonte fuera invisible, no.

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Alguien me advierte que mis artículos sobre la vejez y la muerte están demasiado sombríos. Debe tratarse de una persona joven o muy unaware of how precarious life can be. Le hago ver la cantidad impresionante de artículos, mensajes, videos y canciones que celebran la vida abundante. Tanta alegría bien vale un artículo sombrío. Algo de perspectiva será necesaria, se me ocurre.

Miro la fotografía de mi amigo y me estremezco. Lo recuerdo tan vital, tan emprendedor, tan entusiasta con la casa que había construido en el campo. No es ni lejanamente la persona de la fotografía.

Pero es…

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