Tuve un profesor en una institución cristiana que en el marco de alguna charla hizo una crítica casi despectiva de Albert Schweitzer, misionero luterano, pensador, músico, escritor humanista y médico. La cuestión era que en sus años finales tenía tal preocupación por los animales que habría dejado que las termitas literalmente destruyeran su órgano porque no quería matarlas.

“Reverencia para la vida”, reportaba mi profesor que había dicho Schweitzer y eso le irritaba profundamente. Aunque pensándolo bien creo que estaba más molesto por el libro de Schweitzer En busca del Jesús histórico – una visión no religiosa de Cristo basada en la crítica histórica – que por las termitas.

Me pregunto si no querer matar las termitas era una mera excentricidad o había cierta consistencia en esa mirada humanista. Porque la historia demuestra que los cristianos evangélicos no evidencian mucha reverencia para la vida del planeta, de los animales y de otros seres humanos – que no sean, claro, la criatura por nacer o el anciano.

En efecto, las únicas veces que uno ve a los cristianos enardecerse y salir a las calles es cuando se promueve alguna ley sobre el aborto, la eutanasia y ciertos otros temas relacionados con la sexualidad y la ideología de género: temas “valóricos” los llaman.

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Así que me hice una pregunta – bastante extensa reconozco:

¿Cuántas marchas cristianas, masivas y contundentes, hemos visto que se han convocado para protestar contra la pobreza denigrante de los barrios periféricos de las ciudades, el hambre, la desnutrición, la violencia intrafamiliar, la prostitución infantil y adolescente, el trabajo esclavo, la destrucción del medio ambiente, la flora y la fauna devastadas por las grandes corporaciones, los refugiados, la corrupción de jueces, políticos y funcionarios, sólo por nombrar algunos de los males sociales que destruyen millones de vidas cada año?

Sería genial si alguien de la audiencia me ayudara a documentar si hubo marchas y protestas de este tipo en alguna parte a fin de ser justos en el análisis, aunque sospecho que deben ser bastante pocas.

Las marchas, hay que decirlo, son una cuestión testimonial. Las acciones concretas siempre hablan más fuerte aunque sean menos conocidas. Hay instituciones cristianas que trabajan abnegadamente por mitigar algunos de los males descritos arriba. Pero debe admitirse que no son muchas. Hay más preocupación por la vida después de la muerte que por la vida antes de la muerte.

Es decir, falta más reverencia para la vida

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