Solitario, solitario, me grita el viento, ¿a dónde tus negros pasos te han llevar? Y yo le digo al que sopla en las tormentas: “Mañana, cuando amanezca, lo hey de pensar.”

(El solitario, Pedro Messone, canción chilena)

Escuché esta mañana en una de esas charlas TED tan en boga en estos tiempos que unos estudios en profundidad realizados a hombres mayores de 80 años demostraron que la soledad no es buena para la salud física y tampoco para la estabilidad psicológica y emocional. Malas noticias, si uno cree todo lo que los estudios de importantes universidades del mundo realizan cada tanto sobre una asombrosa diversidad de cuestiones.

Es común escuchar en programas de radio principalmente que un estudio de la Universidad de Cincinnati demostró que dormir con calcetines ayuda considerablemente a reducir el insomnio o que una investigación de la Universidad de Pennsylvania determinó que tomar dos copas diarias de vino es excelente para la salud del corazón. Uno termina sospechando que dichos estudios son financiados por industrias de ropa interior o productores de vino. Aunque hay que admitir que la charla en cuestión parece tener bastante respaldo porque el estudio se hizo siguiendo durante más de setenta años la vida de un grupo de estudiantes desde sus primeros años de universidad hasta hoy, ya octogenarios jubilados.

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Hay que anotar que la soledad estudiada aquí no se relaciona necesaria o exclusivamente con vivir solo, lo cual me alivió bastante debo admitir. Estando solo o acompañado, revela el estudio, la cuestión importante es que uno mantenga buenas relaciones con personas de su entorno, ya sea familia, amigos o compañeros de trabajo.

Solo quisiera anotar aquí que he conocido personas que han vivido o viven bastante solas y sin embargo tienen una vida buena, sin complejos ni dramas psicológicos; el tío Carlos, pongamos por caso, que vivió ochenta años plenos en recalcitrante soltería. Por cierto, nosotros fuimos una especie de familia cercana, por lo cual su soledad tenía que ver más que nada con la hora de irse a dormir.

Los más desdichados, según el estudio en comento, fueron aquellos que deseaban tener éxito, dinero y poder. La mayoría de ellos lo logró, pero al costo de la salud y la paz interior. Estas son cosas hacia las cuales jamás me he sentido atraído y aunque eso no me ha librado absolutamente de la tristeza, al menos me ha ahorrado ingentes molestias. Junto con la soledad, claro.

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