Llenitos de ayer. Humedecidos de extrañar. Resistentes al olvido. Los párpados entornados reconstruyen la inmóvil materia de los recuerdos con la esperanza de un solaz escurridizo. Hurgando en la memoria por algún amaine para la tormenta feroz del insomnio. Que ahuyente por un rato el reproche de la conciencia. Un color, una transparencia lejana, un movimiento secreto y placentero.
El brillo de antes se apaga con los días. Se oscurece su continente cristalino y se va rodeando de arrugas y temblores. La dicha de ver se repliega y se apodera de su luz la tristeza del tiempo. Eran hermosas las formas, los medios tonos de la piel, el paisaje de los cuerpos tersos y livianos. Algarabía de espacios recorridos, lujo de mirar todo sin remordimiento.
Cuando navegaron la noche, las estrellas se ahogaron en su fondo claro. Cuando se consumieron de luz en el mediodía del desierto todos los espejismos fueron verdad. Cuando resbalaron por la vertiginosa cordillera naufragaron felices en la inmensidad de la nieve. Se recostaron en las eras, se embriagaron en los lagares, se hartaron en los hornos de barro, se abatieron a la hora de la siesta entremedio de los hualles y las moras.
Fueron compañeros sedientos de fantasía en los libros, los teatros y los cines. Abarcaron el horizonte del pensamiento en las pizarras de la academia y en los vetustos escritorios de las bibliotecas. Fueron dejando su fuerza en las inmensas páginas de los diarios de antes y por estos días en la pequeña pantalla del computador personal.
Lloraron ríos a la hora del naufragio y la querella. Se ahogaron en el adiós y se fueron secando de a poquito en el olvido porque no hay mal que dure cien años ni ojos que lo aguanten. Brotó en ellos también el manantial de la rabia y el desengaño, el desamparo y la violencia, el abandono y la feroz indiferencia. Exploraron territorios prohibidos, se detuvieron en la imagen clandestina, se cansaron de la repetida miseria de la soledad codificada.
Reviso hoy, tarde en la noche, la pesada bitácora de estos ojos, su crónica de pájaros y hojas, su reportaje capital de siluetas y fantasmas, su repertorio de verdad y emoción, sus eternos escarceos con la razón y la pasión.
Llenitos de ayer. Recelosos del presente. Ignorantes magistrales de las posibilidades del futuro…
Estos ojos.

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