Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.
(Mateo 7:22-23)

Para la cultura de los cristianos debe haber pocas cosas más convincentes que la profecía, la liberación de demonios y la realización de milagros; quienes llevan a cabo estas maravillas son tenidos por grandes mujeres y hombres de Dios. Son seguidos por miles de personas, escuchados por la radio, vistos por la televisión; sus libros son leídos por multitudes y las mismas asisten a las asambleas donde se presentan – que se anuncian como la gran oportunidad para ver todas estas manifestaciones.
El cuadro pintado por los versos al principio de esta nota es profundamente perturbador. ¿Qué tal si alguno de estos caballeros o señoras llega confiadamente a la presencia de Dios y le presenta su curriculum de prodigios realizados – nótese que lo fueron en el nombre del Dios de la Biblia, no de fuerzas ocultas o misteriosas, y escuchan esta respuesta? No es solamente que el Señor manifiesta no conocerlos: ¡les dice hacedores de maldad!
Considerando que no nos interesa en absoluto juzgar la conducta privada de los personajes reconocidos por el pueblo cristiano sino las consecuencias de sus acciones públicas, exploremos la cuestión un poco, aunque sea sólo por el argumento.
Por una parte, si aquellas manifestaciones fueron hechas en el nombre del Señor y El dice que no conoce a las personas que las realizaron, habría que concluir que se invocó Su nombre pero El no estaba ni ahí
Por otra, ¿cómo es posible que estos prodigios, que constituyen la base del informe que presentan estas personas delante de Dios, sean considerados hechos de maldad?
Finalmente, es interesante que cuando se presentan delante de Dios en aquel día, a estas personas no se les ocurra otra cosa que presentar sus reportes de poder… Es posible que en otros asuntos importantes de la vida – como las relaciones humanas más importantes, la acción social, la ayuda a los necesitados y otras cosas “menos espirituales”, no tienen mucho que informar.
Aunque sea sólo por el argumento…

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(Este artículo ha sido escrito especialmente para la radio cristiana CVCLAVOZ)

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