Extendí mis manos todo el día a pueblo rebelde, el cual anda por camino no bueno, en pos de sus pensamientos

(Isaías 65:2)

Así resume el Señor el carácter de su pueblo. Es trágicamente poético: “Todo el día” sugiere siempre, no algunas veces. Pero las palabras que capturan mi atención son “en pos de sus pensamientos”; es decir, detrás de sus ideas y sentimientos.

Cada cierto tiempo me pasa que una idea empieza a rondar por mi cabeza y justamente durante esos días la encuentro plasmada en algunos pasajes de los noticieros, en la escena de una película, en la Biblia o en los libros que suelo tener en mi mesita de noche.

Tienes que resolver los temas en tu cabeza también me advierte mi doctor, que me ha prescrito medicamentos para la gastritis y una dieta rigurosa. Me recomienda ver a un especialista pero todavía me niego. Cómo tanto…

Una mañana en el café leo en un libro que tomo al azar: “Los pensamientos no son hechos.” Detalla el autor que son constructos de nuestra mente que pueden llegar a parecernos tan concretos como si fueran reales; no lo son hasta que los ponemos en práctica – o los desechamos por vanos.

Para intentar que estemos en la misma página permítanme decir que para el caso que hablamos, pensamiento sería una idea que da forma a una convicción o a un deseo y que es la materia prima de una acción.

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Yuval Harari en Homo Deus dice que en el mundo actual el conocimiento es la conjunción de la experiencia y la sensibilidad. Observo mis pensamientos y mis sentimientos y extraigo de ellos lo que considero verdad para mí.

Esto es lo que el Señor explica a través de Isaías: las cosas están como están porque de modo persistente hacemos las mismas cosas y las hacemos según las conclusiones que sacamos de nuestra propia mente; Dios, su palabra y el mundo real quedan fuera de nuestro análisis. Ahora, el Yo es el Señor.

Recordarán que he dicho aquí que esta mentalidad, esta forma de pensar y de ser se revela en forma cristalina en el contenido de los medios de comunicación, los libros, la música y la así llamada consejería cristiana. Todo tiene que ver conmigo, con mis deseos, mis complejos, mis problemas, mis angustias, mis situaciones, mis sentimientos, lo que debo hacer y lo que no.

Es imposible caracterizarlo de una forma más clara que ésta: andamos en pos de nuestros pensamientos.

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