Isaac Newton, un hombre estudioso que vivió a mediados del siglo 17, logró establecer tres leyes que le dan respuesta a los principales problemas planteados por una rama de la física llamada mecánica, ciencia dedicada estudiar los cuerpos (objetos) que nos rodean y su movimiento.

Sus teoremas fueron publicados en 1687 y aunque ha pasado mucho tiempo desde ese entonces, aún siguen siendo válidas para la comunidad científica.

Precisamente, la primera ley de Newton dice: “Todo cuerpo persevera en su estado de reposo o movimiento uniforme y rectilíneo a no ser que sea obligado a cambiar su estado por fuerzas impresas sobre él.” En palabras más sencillas, dice que todo cuerpo que está inmóvil o en movimiento continuo, permanece constante a menos que un impulso externo logre modificar su estado. Aunque esta ley se aplica a objetos físicos, podríamos usarla para explicar una realidad entre Dios y el hombre.

La humanidad no podía cambiar por fuerza propia el rumbo de muerte que el pecado había trazado. La Biblia dice en Romanos 3:23 que todos estábamos destituidos de la gloria de Dios y en Romanos 3:11-12 agrega que todos nos perdimos, todos nos desviamos y no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Pero un plan de salvación hizo que cambiáramos ese destino.

Juan 3:16 Versión Reina-Valera 1960 dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él crea, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

El sacrificio de Jesús es la fuerza que logró desviar hacia la salvación nuestro inminente camino fuera de la gloria de Dios.

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Ahora bien, aceptar ese regalo de gracia, que cambia nuestra vida, es sólo el principio, es necesario que nosotros tomemos la responsabilidad de renovar constantemente nuestros pensamientos usando todo mandamiento y promesa escrita en La Biblia.

Reconozcamos que como hombres imperfectos somos propensos al pecado, tenemos un corazón engañoso, nuestra perspectiva es limitada y nuestro propio razonamiento puede ser camino de perdición. Por eso Dios nos recomienda que usemos su palabra como fuerza de cambio.

“Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal; Porque será medicina a tu cuerpo, Y refrigerio para tus huesos.” Proverbios 3:5-8 Versión Reina-Valera 1960

¿Deseas tener cambios buenos y permanentes en todo lo que te rodea? Aplica en tu vida los mandamientos escritos en la Biblia.

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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