Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.” Hebreos 12: 1-3.

¿Quién no recuerda al tierno personaje interpretado por Tom Hanks?, quien pese a tener un leve retraso mental y motriz, tenía una asombrosa capacidad para correr muy rápido lo cual sirvió para abrirle muchas puertas en la vida.

La carrera de la vida no es fácil y la palabra carrera quizás exprese de manera exacta el modo de vida actual de muchas familias. Todo se hace a las apuradas, hay cada vez menos tiempo para compartir y encima la tecnología parece contribuir al aislamiento. Es muy común hoy en día ver a cada miembro de la familia concentrado en su teléfono más que en la conversación o interacción con los demás.

Para correr mejor y más libres, debemos despojarnos de todo el peso que significa el pecado, esto se refiere a todo lo que sabemos que nos separa de Dios. La paga del pecado es muerte y cuando desobedecemos la voluntad de Dios todo esto se transforma en un peso que llevamos en nuestra propia vida.

También son una carga, las heridas no sanadas, la falta de perdón, la amargura del corazón, los enojos, pero también todo lo que tiene que ver con el pasado. Así como no se puede correr de manera eficiente si uno está permanentemente mirando para atrás, tampoco se puede ganar una carrera cuando llevamos una carga tan pesada.

El pasaje citado nos dice donde debe estar nuestra mirada: “puestos los ojos en Jesús” en su victoria en la cruz para no decaer ni desmayar. Esto mismo me recuerda a Pedro caminando sobre el agua pero solo podía hacerlo mientras su mirada se mantenía en Jesús, cuando puso su atención en el viento y lo embravecido del mar, automáticamente comenzó a hundirse.

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Por eso y ante tantas presiones, la Palabra nos dice que la vida es una carrera para ser corrida con paciencia. Cuando pienso en esto, recuerdo a los maratonistas que comienzan la carrera despreocupados por los que van delante o por quienes pretenden pasarlos. Íntimamente saben que la carrera es larga y no es de los más rápidos la victoria, sino de aquellos que resisten o espiritualmente hablando, de los que permanecen.

Y hablando de permanecer la Biblia nos dice: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. Juan 15:5-7

¿Qué significa permanecer en nuestra vida cotidiana? Leer la Palabra de Dios, orar, servirle, obedecerle, escuchar su voz y confiar en El, especialmente cuando las circunstancias de la vida parecen ir en una dirección contraria a la deseada.

La manera de llegar a la meta es permanecer ligado a Él, corriendo con paciencia y con la mirada puesta en Jesús el autor y consumador de la fe. Si te sientes cansado, desanimado, a punto de abandonar, levanta tu mirada a Jesús, permanece en Él, no abandones, todavía Él quiere darte nuevas fuerzas para que pronto puedas cruzar la meta como un verdadero vencedor en Cristo.

Por Daniel Zangaro

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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