Después de varios años, Martín volvió a la casa de sus padres; cuando ellos vivían era un lugar hermoso, pero ahora había cambiado mucho. Entre hierbas crecidas, basura y escombros buscaba restaurarla, sin embargo era una tarea difícil y empeñosa porque se había deteriorado tanto que apenas las paredes se sostenían.

Consultó con un profesional en la construcción y la única solución que le garantizaba era derribar toda la estructura para comenzar una nueva edificación. Se entristeció porque derribarla significaba acabar con los recuerdos que tenía de su infancia, pero no tuvo más remedio que aceptar.

Hay muchas cosas que se dañan por descuido, pueden ser objetos, propiedades, relaciones y también nuestra vida espiritual. El día que empezó nuestra nueva vida en Cristo también adquirimos la responsabilidad de mantener viva la fe en Él, para prepararnos para la vida eterna.

Puede haber muchas razones que “justifiquen” el deterioro de nuestra fe, como los problemas, pruebas, pérdidas, alguna oración no contestada, etc. Sin embargo recordemos que sin fe es imposible agradar a Dios, por eso quiero alentarte a que, si has descuidado tu relación con Él, seas humilde para retomarla, confiando que “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.” Santiago 4:6.

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El Señor te espera con los brazos abiertos y ten por seguro que edificará firmemente  tu fe si perseveras en Él.

“Por tanto, mis queridos hermanos, así como ustedes me han obedecido siempre, y no sólo cuando he estado entre ustedes, obedézcanme más ahora que estoy lejos. Hagan efectiva su propia salvación con profunda reverencia;” Filipenses 2:12

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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