Cierta hermana había pedido a su congregación que oraran por su esposo no creyente para que se convirtiera, y así lo hicieron todos los hermanos sin ver resultados, hasta que descubrieron que el principal obstáculo con el que el esposo tropezaba era el carácter violento de su esposa.

Hablaron con ella acerca de eso y la mujer reconoció su pecado y suplicó al Señor que la ayudase a corregir su carácter.

Días después, la mujer  compró un jarrón que colocó en el recibidor para dar una sorpresa a su marido, pero éste al llegar y agarrarlo para apreciarlo mejor, dejó que se le resbalara de las manos, cayendo al suelo y rompiéndose en mil pedazos.

El hombre  se puso en guardia, esperando los gritos de su esposa; pero para sorpresa suya, ésta lo miró comprensivamente, diciéndole:

     – No te preocupes, querido, ya compraremos otro.

A las pocas semanas el esposo se había convertido al Señor.

Quizás conozcas a más de una persona que se parece a la mujer de la historia. Existe mucha gente que pide oración por sus familiares, amigos y vecinos para que estos se conviertan pero no ven ningún resultado y es justamente por su carácter.

En más de una ocasión me ha tocado escuchar comentarios como: “Si así son los cristianos, prefiero no ser uno de ellos”, ¿Te ha pasado?

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Lamentablemente mucha gente dice ser creyente pero no cuida su carácter, no permiten que Dios pueda transformarlos y esa resistencia sólo los convierte en obstáculos que evitan que otros puedan llegar al Señor.

Efesios 4:31, 32 dice: “Líbrense de toda amargura, furia, enojo, palabras ásperas, calumnias y toda clase de mala conducta. Por el contrario, sean amables unos con otros, sean de buen corazón, y perdónense unos a otros, tal como Dios los ha perdonado a ustedes por medio de Cristo.” (NTV)  Eso no quiere decir que nunca vamos a  enfadarnos o molestarnos con algo, sino que tenemos que ser capaces de someter nuestro carácter, para que éste no nos domine a nosotros; debemos buscar que los frutos del Espíritu Santo estén presentes en nuestras vidas.

Quizás has estado orando por tus familiares, amigos o vecinos, pero no ves respuesta a tus oraciones; ¿Podría ser que tu forma de actuar hace que ellos no quieran conocer a Jesús? Si eres consciente de que tu carácter puede estar alejando a la gente, pídele a Dios que te transforme, que te ayude a tener más dominio propio y amor hacia el prójimo.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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