Cierto misionero en China, abochornado por el calor, pensó en tenderse en una hamaca, y para no dormir demasiado puso su despertador a la hora que deseaba  ser despertado.

Cuando empezaba a dormirse, llamaron a la puerta y se presentó un chino mandarín con el que tenía desde algún tiempo una controversia sobre el pecado.

De nuevo el chino trató de afirmar que ni él ni nadie de su familia tenían pecado. El misionero, paciente, se sentó en la hamaca y procuró explicarle la verdad bíblica del pecado universal, aunque inútilmente. De pronto otro visitante llamaba a la puerta. El misionero salió, y en lo que tardó en volver, el primer visitante se fijó en el reloj, recordó cuánto deseaba su esposa poseer uno igual, y sin pensarlo mucho lo tomó y escondió en la ancha manga de su túnica.

Cuando volvió el misionero notó la falta del reloj, pero no dijo nada. Siguió la conversación, Biblia en mano, pero el chino le dijo que volvería otro día porque no se podía quedar más.

El misionero lo entretuvo un poquito y, de pronto, el despertador empezó a sonar en la manga del mandarín, como el misionero esperaba.

     – ¿Qué será esto?- Gritó disimulando- Yo no sé, acaso un mal espíritu que me ha metido el reloj en la manga.

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     – ¡Venga que se lo sacaré! – dijo el misionero y sacó el despertador contra la voluntad del chino. Y después le dijo: espere, voy a leerle un texto en mi Biblia: “Sabed que os alcanzará vuestro pecado”.

Existen muchas personas que creen que si nadie los ve, su pecado no cuenta, que mientras no sean descubiertos no pasará nada. Sin embargo, Proverbios 28:13 dice: “Los que encubren sus pecados no prosperarán,    pero si los confiesan y los abandonan, recibirán misericordia” (NTV)

El perdón de Dios siempre está al alcance de todos, pero es necesario arrepentirnos y pedir perdón. Si persistimos en nuestros pecados, las consecuencias de ellos nos alcanzarán tarde o temprano porque el hecho de que nadie sepa lo malo que hacemos, no significa que deje de ser pecado.

No esperes a que sea tarde, no persistas en el error, busca el perdón de Dios y cambia tu destino.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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