Cuando Abram volvía de haber derrotado a Quedorlaómer y a sus reyes amigos, el rey de Sodoma salió a su encuentro en el Valle del Rey. Allí Melquisedec, que era rey de Salem y sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino, y bendijo a Abram, diciéndole:

«Abram, que te bendiga el Dios altísimo, creador del cielo y de la tierra. El Dios altísimo merece todas las alabanzas, pues te dio la victoria sobre tus enemigos».

De inmediato, Abram le dio a Melquisedec la décima parte de todo lo que había recuperado.

Génesis 14:17-20 Traducción en lenguaje actual (TLA)

En ocasiones como hijos de Dios tenemos que pasar por momentos de necesidad para reconocer nuestra dependencia del Padre, pero no olvidemos que su plan ha sido y será siempre bendecirnos. Si te preguntas cuál es la razón, simplemente su amor y misericordia hacia nosotros.

El ser llamados  hijos de Dios lleva consigo grandes privilegios, pero también deberes y obligaciones que nos corresponde cumplir. Si en verdad deseamos alcanzar las bendiciones de nuestro Padre Celestial, debemos obedecerlo, aun si esto no nos agrada, porque pueden existir muchos principios en la Biblia que nos ayudarán a seguir los pasos de Jesús, pero uno muy importante, que revela nuestra fe y sujeción a Dios, es el diezmo.

Muchos piensan que el diezmo es cosa del Antiguo Testamento, pero ignoramos lo que dice en  Juan 8:39 (RVR1960): “Respondieron y le dijeron: Nuestro padre es Abraham. Jesús les dijo: Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais.”

Como hijos de Dios fuimos justificados por la fe y, por lo tanto, somos hijos de Abraham; Jesús dijo que los hijos de Abraham deben hacer las cosas que él hizo, y mencionó que todo miembro de su pueblo debería dar la décima parte de todo aquello con lo que hubiera sido bendecido. Así el Señor probaría la fidelidad de sus hijos y su confianza en Él y en su Palabra. Por otro lado, el diezmo les permitiría entender que Dios es el dueño absoluto de todas las cosas y que el hombre es solamente el administrador.

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Si hasta hoy has pasado por alto este tema, sería bueno que lo consideres, porque el diezmo no es otra cosa que la estrategia de Dios para derramar de sus bendiciones sobre sus hijos. Malaquías 3:10 (NVI) nos menciona: “Traigan íntegro el diezmo para los fondos del templo, y así habrá alimento en mi casa. Pruébenme en esto —dice el Señor Todopoderoso—, y vean si no abro las compuertas del cielo y derramo sobre ustedes bendición hasta que sobreabunde.”

Mas esta promesa no debe ser motivo por el cual un creyente diezme, debido a que no adoramos a Dios por los beneficios materiales que podamos recibir, sino porque simplemente es Dios y sólo Él es digno de toda alabanza.

Si nos vamos a los versículos 8 y 9 del mismo capítulo de Malaquías encontraremos la razón por la que Dios nos llama ladrones, quizá suene muy duro pero debemos entender que los diezmos han sido destinados para la extensión de su reino y participar de ello es obedecer a Dios.

Es posible que hoy te encuentres en una situación financiera muy difícil, pero el Señor te desafía a probarlo en medio de tu necesidad y verás su mano de bendición hasta que sobre y abunde. ¿Estás dispuesto a hacerlo?

Por Ruth Mamani

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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