“Y vino un viento de Jehová, y trajo codornices del mar, y las dejó sobre el campamento, un día de camino a un lado, y un día de camino al otro, alrededor del campamento, y casi dos codos sobre la faz de la tierra.” (Números 11:31).

El pueblo de Israel pedía carne, los reclamos y las presiones eran cada vez más fuertes sobre Moisés y él parece contagiarse del sentimiento popular y reclama a Dios: ¿Por qué has hecho mal a tu siervo? ¿Y por qué no he hallado gracia en tus ojos, que has puesto la carga de todo este pueblo sobre mí? (v. 11), y más adelante: “No puedo yo solo soportar a todo este pueblo, que me es pesado en demasía.  Y si así lo haces tú conmigo, yo te ruego que me des muerte, si he hallado gracia en tus ojos; y que yo no vea mi mal.” (V. 14, 15).

Atrás habían quedado tantas manifestaciones de Jehová respaldando a Moisés, las plagas enviadas contra Egipto, el milagroso cruce del mar Rojo librándolo del ejército del faraón, la provisión diaria del maná, la nube que los guiaba y la columna de fuego que le daba calor.

Pero el pueblo quería carne, comenzaron las murmuraciones, ¿para que salimos de Egipto si allí estábamos mejor?, añoraban el pescado, los pepinos, melones, puerros, las cebollas y los ajos que comían en la tierra de esclavitud. Parecían adherir al conocido dicho popular que reza: “Todo tiempo pasado fue mejor”.

Al leer esto, me surge la pregunta: ¿Cómo este pueblo pudo olvidarse tan fácilmente de las maravillas que había hecho Dios con ellos? No cabía duda de su respaldo y su presencia. ¿O como Moisés, siendo quien hablaba cara a cara con Dios, se deprimió de tal manera que le pidió su propia muerte?

Estas actitudes parecen poco razonables, Dios los había sacado de la esclavitud, iban hacia la tierra prometida, pero llegaron al punto de preferir la vida de esclavos en lugar de marchar hacia un futuro de libertad que Dios había preparado para ellos. No parecían dispuestos a soportar la dureza del desierto para finalmente alcanzar la tierra prometida. Si analizamos estas actitudes parecen raras y poco razonables sin embargo, creo que en ocasiones obramos de manera bastante similar.

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El maná significaba la diaria provisión de Dios para su pueblo, cada día al levantarse veían este milagro, sin embargo nadie daba gracias por el maná. Ni siquiera Moisés estaba mejor, sino que desbordado por la situación y el reclamo popular, solo veía la muerte como salida.

¡Cuántas veces el desierto se hace tan largo y tan difícil que comenzamos a mirar atrás y con esta actitud dudamos de la fidelidad de Dios para con nosotros y de su propósito para nuestra vida!

Hay veces que el desierto se hace más largo de lo que esperábamos. Cada día se nos presentan desafíos que nos hacen que instintivamente miremos atrás recordando los viejos tiempos. El desierto suele atacarnos con dureza y la bendición de Dios aún se ve como algo lejano. Intentamos avanzar por todos los medios, pero pareciera que nada funciona y siempre estamos en el mismo lugar.

Si el desierto se hace largo y te sientes sin fuerzas, quizás con ganas de abandonar, si parece que no hay salida y no ves un futuro que resulte promisorio, te invito a que mires hacia el cielo y comiences a hacer lo que el pueblo de Israel no hizo y por esto debió soportar la ira de Dios.

Comienza a dar gracias por el maná, esto representa todo lo que Dios hizo en tu vida. Si tienes a Jesús en tu corazón dale gracias por haberte rescatado de la muerte y la esclavitud del pecado. Dale gracias también porque el desierto no es tu residencia, sino un lugar de paso. Recuerda que vas en camino, tomado de su mano a la tierra de bendición. Dios te llamó a libertad, no mires para atrás, deja de lado la queja que solo podrían dejarte a mitad de camino.

Por Daniel Zangaro.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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