“Mas sus criados se le acercaron y le hablaron diciendo: Padre mío, si el profeta te mandara alguna gran cosa, ¿no la harías? ¿Cuánto más, diciéndote: Lávate, y serás limpio? El entonces descendió, y se zambulló siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios; y su carne se volvió como la carne de un niño, y quedó limpio.” (2 de Reyes 5: 13-14)

La Biblia nos cuenta la historia de un hombre muy valiente llamado Naamán que era general del ejército de Siria. Había logrado un alto concepto delante del rey por sus resonantes victorias militares, pero no todo era positivo en su vida, sino que sufría una enfermedad vergonzante, contagiosa e incurable, la cual lo mantenía aislado del resto de la sociedad, la lepra. La Biblia utiliza esta enfermedad como un símbolo del pecado ya que este comparte algunas de aquellas características.

Naamán tenía sirviendo en su casa a una muchacha cautiva, a quien habían arrebatado de su tierra. Ella no solo no estaba resentida por esto, sino que veía con pesar la enfermedad de su amo, por lo que le propuso que fuera a ver al profeta de Samaria para que lo sanara (v. 3).

Si bien Naamán al principio no escuchó el consejo, pues provenía de una esclava, al poco tiempo, aceptó visitar al profeta. Para presentarse delante de Eliseo, pidió al rey una carta de recomendación, llevó además regalos costosos y se presentó de manera imponente con carros y caballos, procurando impresionar al profeta. Naamán estaba acostumbrado a manejarse como un hombre importante y poderoso, a recibir un trato especial por su alto rango militar. El se imaginaba que Eliseo lo recibiría y pondría su mano sobre él para ser sano. Pero grande fue su desilusión cuando llegó a casa del profeta y este ni siquiera estuvo dispuesto a recibirlo, sino que a través de su siervo le dio las instrucciones de zambullirse siete veces en el río Jordán para ser sano.

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¿Te puedes imaginar la reacción de Naamán, el poderoso general del ejército?

La Biblia dice que se enojó muchísimo quizás considerando una falta de respeto el trato que le había dado el profeta, sin embargo volvió a escuchar el consejo de uno de sus siervos y aceptó zambullirse en el río. (v. 13).

Pero la instrucción fue que lo hiciera siete veces. ¿Qué habrá sentido al tirarse las primeras seis veces y ver que nada cambiaba? ¿Habrá querido abandonar pensando que estaba siendo humillado y quedando en ridículo delante de sus siervos?

Es posible, sin embargo Naamán continuó y luego de la séptima zambullida fue completamente sano.

Una de las enseñanzas que podemos sacar de esta historia es que quizás el mayor enemigo de Naamán no era su enfermedad sino el orgullo. Esta era la verdadera lepra de la cual se tenía que librar. A lo largo de la historia vemos como él tuvo que despojarse de a poco de ese rol de poderoso y autosuficiente para comenzar a aceptar incluso los consejos de sus criados. Cuando finalmente pudo rendir su orgullo y se decidió a seguir las instrucciones del profeta fue totalmente libre de la lepra.

Quizás esta historia se parece mas de lo que a primera vista pudiéramos pensar a situaciones de nuestra vida cotidiana. ¿Cuántas veces nos creemos merecedores de un trato especial y nos enojamos si no lo recibimos? ¿Cuántas otras cerramos nuestros oídos al consejo de personas que pueden ser instrumentos de bendición?

¿En cuántas ocasiones nos sentimos humillados pensando que no nos dan el lugar que merecemos? Sin embargo, la historia de Naamán nos enseña que la victoria viene cuando finalmente podemos derrotar nuestro orgullo, rindiéndonos completamente a Dios.

Por Daniel Zangaro

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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