Un buque se encontraba en inminente peligro, el barco estaba a punto de chocar contra unos altos peñascos.

De pronto un hombre, desobedeciendo las órdenes del capitán, fue hasta donde estaba el piloto, a quien vio amarrado y haciendo girar la rueda pulgada a pulgada para llevar el buque mar adentro. Cuando el  marino vio al hombre le sonrió y este último se apresuró a bajar y dijo a los otros pasajeros:

     – He visto el rostro del piloto y sonreía. No se preocupen.

Seguramente todos los pasajeros del barco estaban preocupados  y hasta  en pánico viendo cómo el buque podía chocar contra los altos peñascos. Desde el lugar en el que se encontraban y con la información que tenían, seguramente esperaban un final trágico.

Sin embargo, hubo un pasajero que decidió ir a ver a quien estaba en control y encontró una esperanza en la sonrisa del piloto.

Las noticias no siempre son buenas, a veces nos invaden los problemas y parece no haber esperanza, empezamos a ver cómo nuestra vida se dirige hacia rocas que podrían destruirnos. Pero cuando eso sucede, podemos ir a buscar a Dios, quien dirige nuestras vidas y confiar en que no hay nada ni nadie que pueda lastimarnos.

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“Pero cuando tenga miedo, en ti pondré mi confianza. Alabo a Dios por lo que ha prometido.
En Dios confío, ¿por qué habría de tener miedo? ¿Qué pueden hacerme unos simples mortales?” Salmos 56:3,4 (NTV)

Cuando las dificultades invaden nuestra vida y no sabemos qué hacer, cuando todo parece perdido, podemos levantar la mirada para ver al piloto de nuestras vidas. Sin duda alguna, encontraremos paz al saber que Dios es quien tiene el timón en sus manos.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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