Recuerdo que un amigo muy querido llegó de visita a la ciudad y me resulta muy gracioso traer a mi memoria el afán que él tenía por cumplir lo que  le había dicho a su hijo pequeño. Tiempo atrás le había prometido que le regalaría un juego de mesa.

El niño le insistía mucho y le recordaba a cada momento acerca de su promesa. Muchos le decían al pequeño que tal vez su papá lo había olvidado, pero él en ningún momento dudó de la palabra de su padre, a pesar de que le decían que tal vez no había el dinero suficiente o que ya se había agotado el stock del juego de mesa que él quería, etc.

Ni las palabras, ni las circunstancias hicieron que la fe que el niño le tenía a su papá disminuyeran. Y muy gratamente vio que su padre, una vez que llegó de su viaje, traía consigo ese juguete tan esperado; pero la felicidad que irradiaba el niño, más que ser por la alegría por tener el juego era por saber que su papá no le falló, que recordó su promesa y sobre todo porque su fe no fue defraudada.

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Nosotros, al igual que este niño, deberíamos sentirnos siempre seguros de lo que nuestro Padre nos promete diariamente; aunque los problemas, la gente y las circunstancias nos quieren hacer dudar de que Él cumplirá.

“y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.” Mateo 18.3 (RVR-1960)

¿Por qué no comienzas a creerle a Dios lo que te dice? A diferencia de las personas, Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta, por lo que si te ha prometido algo, lo hará sin lugar a dudas.

Has a un lado lo que te haga dudar y empieza a creer como un verdadero niño que si tu papá te lo dijo ten por seguro que es la verdad.

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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