“…despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante…” Hebreos 12:1 Versión Reina-Valera 1960

Cuando pensamos en correr quizás nos imaginamos una persona atlética vestida con ropa de deportiva, audífonos colgando desde sus orejas, en una mano empuña algunos dulces y en la otra una botella de agua personal. Quizás hasta imaginemos que corre en una pradera muy de mañana, cuando repunta el alba, o en un parque con otras personas que lo saludan amigablemente.

Definitivamente, esa parece la imagen perfecta de la carrera que todos quisiéramos tener en la vida. Pero la realidad puede ser muy diferente.

Puede ser que en la carrera que recorremos solamente haya nubes negras, obstáculos por doquier, peligros asechando detrás de cada vuelta, árboles marchitos a cada paso. Puede ser que no haya un camino por donde guiarse, que cada paso sea más difícil por las piedras filosas y que  sólo logremos escuchar críticas de las personas que están alrededor. Quizás ese sí es un cuadro más realista.

En algún momento sentiste que el camino no tiene fin y que a cada paso, pareciera que hay más problemas que soluciones. Son esos momentos que se traducen en plegarias pidiendo que todo termine rápido.

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El pueblo de Dios recorrió el desierto por 40 años y aunque nosotros tenemos ese dato, ellos no sabían cuánto duraría su peregrinaje. Al leer la historia completa en Éxodo 16, podemos notar que Dios no les acortó el camino, pero sí hizo un milagro en sus vidas: “les proveyó el maná, un alimento que les daba fuerzas”

Cuando uno corre siempre experimenta cansancio y desgaste, Dios lo sabe muy bien y quizás el milagro que está derramando sobre tu vida no sea la solución inmediata al problema que tienes, sino una fuerza especial para no rendirte y llegar hasta el final. Esa es la gracia sustentadora de Dios.

Muchas veces los mejores frutos no surgen de la respuesta inmediata, sino con la perseverancia y la paciencia. Por último, recuerda que no se trata de pedir lo que uno quiere, sino de recibir lo que Dios, en su gran amor, quiere darnos.

Isaías 40:29 “El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.” Versión Reina-Valera 1960

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido por Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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