En la Biblia, el libro de los Salmos contiene canciones y oraciones de diferentes autores hacia Dios; por esta razón, es el libro que podemos tomar como ejemplo para mejorar la manera cómo oramos. Es importante orar en todo momento, pero también dedicar unos minutos por las mañanas para agradecer, alabarle y pedir la dirección de Dios en nuestras vidas. Los siguientes salmos sirven como inspiración para saber qué decir cuando oramos matutinamente.

Salmos 3 (TLA)

Dios mío,
son muchos mis enemigos;
son muchos los que me atacan, son muchos los que me dicen
que tú no vas a salvarme.

Sólo tú, Dios mío,
me proteges como un escudo;
y con tu poder
me das nueva vida.

A gritos te llamo,
y desde tu templo me respondes.

Yo me acuesto,
y me duermo,
y vuelvo a despertar,
porque tú vigilas mi sueño.

No me asustan los muchos enemigos
que me tienen acorralado.

¡Dios mío,
levántate y ponme a salvo!
¡Rómpeles la cara a mis enemigos!
¡Rómpeles los dientes a los malvados!

Dios mío,
sólo tú puedes salvarme;
¡bendice a tu pueblo!”

Salmos 7:10, 17 (RVR1960)

“Mi escudo está en Dios,
Que salva a los rectos de corazón.

Alabaré a Jehová conforme a su justicia,
Y cantaré al nombre de Jehová el Altísimo.”

Salmos 9:1-2 (RVA-2015)

“Te alabaré, oh Señor, con todo
mi corazón;
contaré todas tus maravillas.
Me alegraré y me regocijaré en ti;
cantaré a tu nombre, oh Altísimo.”

Salmos 16 (NVI)

“Cuídame, oh Dios, porque en ti busco refugio.

Yo le he dicho al Señor: «Mi Señor eres tú.
Fuera de ti, no poseo bien alguno».
En cuanto a los santos que están en la tierra,
son los gloriosos en quienes está toda mi delicia.
Aumentarán los dolores
de los que corren tras otros dioses.
¡Jamás derramaré sus sangrientas libaciones,
ni con mis labios pronunciaré sus nombres!

Tú, Señor, eres mi porción y mi copa;
eres tú quien ha afirmado mi suerte.
Bellos lugares me han tocado en suerte;
¡preciosa herencia me ha correspondido!

Bendeciré al Señor, que me aconseja;
aun de noche me reprende mi conciencia.
Siempre tengo presente al Señor;
con él a mi derecha, nada me hará caer.

Por eso mi corazón se alegra,
y se regocijan mis entrañas;
todo mi ser se llena de confianza.
No dejarás que mi vida termine en el sepulcro;
no permitirás que sufra corrupción tu siervo fiel.
Me has dado a conocer la senda de la vida;
me llenarás de alegría en tu presencia,
y de dicha eterna a tu derecha.”

Salmos 28:6-9 (DHH)

“¡Bendito sea el Señor, que ha escuchado mis ruegos!
El Señor es mi poderoso protector;
en él confié plenamente, y él me ayudó.
Mi corazón está alegre;
cantaré y daré gracias al Señor.

El Señor es la fuerza de su pueblo;
es ayuda y refugio de su rey escogido.
Salva a tu pueblo, Señor;
bendice a los tuyos.
Cuídalos como un pastor;
¡llévalos en tus brazos para siempre!”

Salmos 31:1-6 (BLPH)

“Señor, en ti confío,
que no quede jamás defraudado;
¡líbrame con tu fuerza salvadora!
Acerca hacia mí tu oído,
date prisa en socorrerme.
Sé para mí fortaleza protectora,
morada inaccesible que me salve,
pues tú eres mi bastión, mi baluarte;
honrando tu nombre, guíame y condúceme.
Libérame de la trampa que me tienden,
porque tú eres mi refugio.
A tus manos encomiendo mi vida;
tú, Señor, Dios fiel, me has rescatado.”

Salmos 32:4-7 (NVI)

“Mi fuerza se fue debilitando
como al calor del verano,
porque día y noche
tu mano pesaba sobre mí.

Pero te confesé mi pecado,
y no te oculté mi maldad.
Me dije: «Voy a confesar mis transgresiones al Señor»,
y tú perdonaste mi maldad y mi pecado. Selah

Por eso los fieles te invocan
en momentos de angustia;
caudalosas aguas podrán desbordarse,
pero a ellos no los alcanzarán.
Tú eres mi refugio;
tú me protegerás del peligro
y me rodearás con cánticos de liberación.”

Salmos 107:1 (NBD)

“Den gracias al Señor, porque él es bueno;
su gran amor perdura para siempre.”

Salmos 130:1-6 (PDT)

“Señor, te pido ayuda
desde lo más profundo de mi ser.
Señor, escucha mi voz;
escucha mi grito de súplica.

Señor, si tú no perdonaras nuestros pecados,
Señor, ¿quién sobreviviría?
Pero tú perdonas
y por eso se te debe respeto.

Yo pongo toda mi esperanza en el Señor;
mi alma espera en él, confío en su palabra.
Espero en mi Señor
como el guardia espera ansiosamente a que amanezca.”

Salmos 143:8-10 (NTV)

“Hazme oír cada mañana acerca de tu amor inagotable,
porque en ti confío.
Muéstrame por dónde debo andar,
porque a ti me entrego.
Rescátame de mis enemigos, Señor;
corro a ti para que me escondas.
Enséñame a hacer tu voluntad,
porque tú eres mi Dios.
Que tu buen Espíritu me lleve hacia adelante
con pasos firmes.”

 

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El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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