No existe una iglesia perfecta. Todas tienen un problema o área en la que deben trabajar. Esto se debe porque están compuestas por personas, y los seres humanos tenemos defectos y virtudes; sin embargo, esto no quiere decir que los conflictos no se puedan prevenir o solucionar. Cada miembro de la iglesia puede comprometerse a actuar de acuerdo a lo que señala la Biblia y trabajar para procurar la unidad.

Estos son algunas prácticas que dañan a los que los realizan y a la iglesia en su conjunto:

1. La crítica sin acción:

Algunas personas se autodenominan críticos o evaluadores en las iglesia, pero con frecuencia, asumir este tipo de posición hace que se juzgue más y se haga menos. Una vez alguien dijo “si criticas es porque puedes hacerlo mejor”; no obstante, la gran mayoría de críticos solo está presente para señalar lo que está mal o lo que creen que es correcto. Dios es el dueño de la Iglesia y, por lo tanto, Él es el único que tiene derecho a juzgarla. Nuestra labor es de obedecer sus mandamientos y hacer su voluntad.

2. El chisme:

Sin importar las excusas que se puedan poner, el chisme jamás conlleva a nada bueno. Algunos lo disfrazan como pedido de oración; sin embargo, en lugar de orar, lo único que hacen es propagar más el rumor. En las iglesias, el chisme causa prejuicio, propaga el odio, divide a los cristianos e impide la comunión con Dios. En la Biblia se advierte que todo aquel que tiene a Jesús en su vida no puede practicar el chisme porque es un pecado.

3. Evitar la confrontación:

Muchos malos entendidos se originan cuando no se confronta una situación. El miedo a enfrentar directamente a una persona sobre algo ocurrido hace que un hecho empeore y crezca. Hay historias de iglesias que se han dividido (o desaparecido) porque sus miembros se dejaron llevar por los dichos de otros, en lugar de verificar un rumor.

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4. Falta de oración:

Una de las herramientas más importantes del cristiano es la oración. Si los miembros de una iglesia no le dan la importancia debida a la oración, de nada vale que realicen grandes actividades o tengan la mejor infraestructura. La mejor manera de tener una relación personal con Dios es orando y leyendo la Biblia, pero si éstas son reemplazadas por algo más, es probable que a largo plazo cause daño a la iglesia.

5. División en grupos:

Aunque trabajar en grupos pequeños permite una mejor comunión entre los miembros, en ocasiones, esto genera que se tengan iglesias dentro de la iglesia. Se debe tener cuidado en el manejo de estos grupos y procurar mayor interacción entre ellos, así será más sencillo promover un comportamiento de hermandad y no de competencia.

6. Mal liderazgo:

Tener una posición de liderazgo dentro de la iglesia es una gran responsabilidad y si no se sabe ejercer adecuadamente, se puede caer en la manipulación, abuso y discriminación. El líder debe ser alguien que guía a los demás a reflejar el carácter de Jesús, y no alguien que hace un mal uso de su cargo. Jesús es el mejor ejemplo de líder, del cual todos los que están en una posición de autoridad deben seguir.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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