¿Qué es adoración?

Por Andy Alemany.

Todos hemos escuchado alguna vez un concepto de lo que puede llegar a ser la adoración. Tratar de definirla en una frase es muy complejo porque está basada en una experiencia personal intangible; no existen verdades absolutas acerca de ella. Pero, ¿experimentaste alguna vez una verdadera adoración?

Entender que se trata de lo que eres, y no de lo que haces, es el primer paso para tener una experiencia real. Romanos 12:1 dice: “(…) por las misericordias de Dios, que se presenten ustedes mismos como un sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. ¡Así es como se debe adorar a Dios!” Entonces, si para experimentar una verdadera adoración necesitamos ser un sacrificio vivo, ¿cómo podemos llegar a eso y qué significa realmente serlo? Un sacrificio usualmente era un cuerpo muerto, no un ser vivo; así que no podemos referirnos a él como tal, ya que se nos insta a ser un “sacrificio vivo”. No es un sacrificio humano literal.

En el pasado, los sacrificios se presentaban generalmente en un altar y eso sería el final de la vida para el cordero. Éste último no era uno elegido al azar; debía ser el mejor y estar apartado para eso, su razón de vida al nacer era convertirse en un sacrificio de justicia. En otras palabras, debía morir por alguien más.

El apóstol Pablo nos enseña en el libro de Romanos que debemos convertirnos en instrumentos de sacrificio y de justicia. No entendí este concepto hasta que dejé que mi yo interior muriera. Al morir a la vida propia, nos conectamos en un nivel espiritual aún más profundo, dependiendo solamente de Dios. Ahora Cristo vive en nosotros.

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Nuestra adoración ya no es un levantamiento de manos o un reconocimiento de gratitud, es un estilo de vida de completa confianza en Dios. La verdadera adoración nos libera de una vida de auto-obsesión y nos permite ser más pacientes, generosos y amorosos con los demás. La vida comienza a tener un propósito.

¿Alguna vez se han detenido por un minuto y hacer algo bueno para alguien, sólo porque quieren, sin esperar algo a cambio? Todos adoramos de maneras muy diferentes, y nuestra vida debe reflejar eso.

Hace unos años, me di cuenta que las cosas más simples, como ayudar a los menos afortunados, las viudas y los huérfanos, o incluso decirle a alguien cuánto lo aprecias y tomar un minuto para comprarles un almuerzo, cena o un café, puede ser un acto de adoración. Reflejar el amor de Dios, Su misericordia en nuestro exterior y saber adorar es dejar atrás el egoísmo.

Experimentar una verdadera adoración es morir a nuestro yo, para que Cristo sea y viva en nosotros; y por consecuencia, ver que todo lo que hacemos es adorar porque ya no se centra en los gustos personales, sino en un propósito que excede a la vida que tenemos. Es saber para qué nacimos.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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