Hay situaciones en las que es más fácil pensar en la venganza que en el perdón. Si alguien nos lastima tanto que esto impacta en el rumbo de nuestra vida, es probable que no pensemos en el perdón como una opción viable. Sin embargo, cuando hemos sido heridos y llevamos esa carga por mucho tiempo, ésta se convierte en una cadena que impide el desarrollo de toda nuestra existencia. Aunque parezca impensable, en este caso, perdonar es la única solución.

Perdonar no significa olvidar.

Si bien hay casos en los cuales algunas personas adquieren amnesia producto de un fuerte shock emocional, por un accidente o problema de salud; son muy bajas la posibilidades de que olvides aquello que te hizo daño. Cuando uno perdona no quiere decir que el doloroso recuerdo se borrará de nuestra memoria, sino que cuando lo hagamos, esos recuerdos no pondrán causarnos más angustia.

El perdón implica aceptar que el hecho pasó y quedó allí. Perdonar quiere decir que estás consciente de que lo que hizo la otra persona está mal, pero que tú te sientes libre porque esos malos recuerdos no te producen sentimientos negativos.

Perdona como Dios te perdona.

Si llevas la cuenta de las veces que has pecado durante todo este día, ¿cuántas crees que fueron? Nadie está libre de pecar. Incluso si piensas que no haces mal a nadie, el guardar rencor contra alguien ya es pecado. Sin embargo, cuando nos arrepentimos y “confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad” (1 Juan 1:9, NBD). Dios nos da la opción de ser libres y nos perdona sin limitaciones. Si Él hace eso con nosotros, ¿por qué no tenemos que hacerlo con otros?

Porque si ustedes perdonan a los demás el mal que les hagan, su Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes. Pero si ustedes no los perdonan, su Padre tampoco los perdonará a ustedes.” Mateo 6:14-15 (PDT)

Sin importar lo que te hayan hecho, nunca asumas una posición de juez. El único que es capaz de juzgar y tiene potestad sobre todo y todos es Dios. Si decides no perdonar, tampoco tendrás el derecho de pedir perdón cuando seas tú el que incurra en una falta.

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El perdón no es automático.

Vivimos en una cultura automatizada y queremos que todo tenga un resultado inmediato; no obstante, con el perdón no funciona de la misma forma. Debes entender que el perdón es un proceso que requiere tiempo. Es un camino que debes transitar un paso a la vez. Habrán días en los que sientes que esa persona no se merece tu perdón, pero es allí cuando debes pedirle a Dios que te dé la fortaleza de amar a quienes te hicieron daño.

Perdonar también implica dejar de recordar. Anteriormente mencionaba que puede los malos recuerdos nunca se vayan, pero eso no significa que debes acordarte siempre de lo que ocurrió. Con el tiempo, Dios te dará la paz necesaria para sanar tus heridas y no sentirte dolido por esos hechos del pasado.

Recuerda que si eliges perdonar, serás libre. Pero, si escoges vivir con tu dolor, caerás en una tumba que tú mismo excavaste.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, es requerido para su uso por otras fuentes: Este artículo fue producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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