Estamos acostumbrados a percibir al estrés como algo malo; no obstante, no todo ello es negativo. Estudios recientes han clasificado al estrés en dos categorías: distrés y eustrés. El primero genera consecuencias perjudiciales tanto para la mente como para la salud. Por otra parte, el eustrés impulsa a una persona a ser más productivo y genera una sensación de placer y satisfacción. Para identificar correctamente cuándo el estrés es de beneficio para nosotros, debemos tener en cuenta lo siguiente:

1. Cuando incrementa la productividad:

Hay momentos en los que el eustrés es un impulso para hacer bien o culminar una tarea encomendada. A menudo, el eustrés puede solucionar y/o ayudar a la falta de concentración o motivación.

2. Cuando sirve de impulso:

El distrés desmoraliza y lleva al pesimismo, pero cuando hay eustrés, uno se siente más motivado a hacer las cosas de manera más rápida y con mayor impulso.

3. Cuando sirve de motivador para otros:

Algunas personas tienen reacciones negativas cuando están bajo presión; sin embargo, cuando uno convierte el estrés en su amigo, éste sirve de ayuda para liderar y motivar a los que están alrededor.

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4. Cuando fomenta el pensamiento crítico:

Hay tareas específicas que pueden ser tomadas a la ligera cuando se hace sin presión. No obstante, el eustrés ayuda a ser más detallistas y minuciosos con la labor que se realiza.

5. Cuando ayuda a la concentración:

El eustrés funciona como un método de concentración para las personas que se distraen fácilmente y no pueden fijar su atención en una tarea en específico.

 

 

Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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