Como cristianos estamos llamados a compartir las buenas nuevas de salvación con todas las personas. Una manera de hacerlo es demostrando el amor de Dios a través de nuestras acciones. Vivimos en una época en donde hay violencia y se ha disfrazado el placer por el amor. Por esta razón es importante que mostremos el verdadero amor que proviene de nuestro Creador. Sin embargo, muchas veces fallamos en el intento.

Tiempo atrás leí una entrevista que le hicieron a un cantante acerca de su depresión. Él dijo que llegó un punto en donde estaba tan sumergido en las drogas que ya no le importaba si vivía o moría. Fue internado en rehabilitación dos veces, pero sintió que no recibió ayuda. En ese tiempo, alguien le dijo que debía rendir su voluntad a Dios y pedirle que lo auxiliara. Él no creía en Dios y le fue difícil aceptar lo que le decían. Lo único que necesitaba era sentir amor y apoyo de alguien, pero lo que recibió fue una respuesta un tanto frívola. Una vez que, por su cuenta, superó la adicción y tomó control de su depresión, llegó a tener una alta aversión hacia el cristianismo y hacia Dios debido a la experiencia que había tenido.

El caso de este cantante no es aislado. Miles de personas acuden a las iglesias o a los creyentes esperando recibir amor. En cambio, lo que obtienen parece sacado de un manual de respuestas: ≪Pídele a Dios que te ayude≫, ≪tienes que arrepentirte y entregarle tu corazón≫, etc. Si bien cada una de estas frases es cierta, al decirlas en este contexto estamos perdiendo una valiosa oportunidad.

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Muchas veces las personas necesitan ver primero ese amor de Dios a través de nosotros. Ellos no quieren ser sermoneados, sino ver la aplicación práctica de nuestra fe. La mayoría de casos no requiere mucho: abrazarlos o escucharlos con atención es suficiente para que se den cuenta de que sí importan. Esto hace que con el tiempo estén más dispuestos a escuchar sobre Jesús y la salvación.

Sin embargo, si primero ignoramos su necesidad inmediata y los agobiamos con discursos, es posible que en el futuro no quieran saber nada de Jesús. Si fallamos al demostrar el amor de Cristo en el tiempo indicado, podría ser nuestra culpa que muchos sean reticentes al evangelio.

Jesús es la solución. Eso es innegable. Pero debemos pedirle al Espíritu Santo que nos dé sabiduría para saber comunicar efectivamente el mensaje de Cristo. Si no lo hacemos, en lugar de lograr que las personas se acerquen a Dios, estaremos contribuyendo a que se alejen cada vez más.



El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

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