Todos somos culpables de haber envidiado a alguien, por lo menos una vez en nuestras vidas. Cuando vemos a nuestro alrededor que otros tienen más que nosotros, o cuando revisamos las redes sociales y observamos que los demás tienen aparentemente una mejor vida; sentimos envidia, la cual mata ciertas áreas de nuestra existencia. Éstas son algunas de las cosas que se destruyen por causa de la envidia y los celos:

Mata tu madurez:

Sin importar cuánto te esfuerces en madurar cada día, si envidias a alguien, estás dando un paso hacia atrás. Los celos hacen que uno actúe de acuerdo a impulsos del momento, y no de acuerdo a un pensamiento lógico y racional. 1 Corintios 3:3 (NVI) dice “…Mientras haya entre ustedes celos y contiendas, ¿no serán inmaduros? ¿Acaso no se están comportando según criterios meramente humanos?” Por lo tanto, no puede existir madurez donde hay envidia.

Mata tu motivación:

Cuando haces algo sólo para superar a alguien, estás cometiendo un grave error. Tal vez puedes lograr tu meta y hacerlo mejor que los demás, pero tu motivación se desvanecerá y pronto te caerás en el conformismo y la amargura. Recuerda lo que dice Filipenses 2:3-4 (NTV): No sean egoístas; no traten de impresionar a nadie. Sean humildes, es decir, considerando a los demás como mejores que ustedes. No se ocupen solo de sus propios intereses, sino también procuren interesarse en los demás.” 

Mata tu bienestar físico:

Lamentar lo que no tienes y envidiar lo que otros sí poseen puede ser dañino para la salud. Quejarte y estar celoso de otros te lleva a la frustración, depresión y enojo. Estos sentimientos negativos tienen un gran poder sobre tu cuerpo físico y hasta podrían causarte enfermedades. Es por eso que en Proverbios 14:30 (NVI) dice: “El corazón tranquilo da vida al cuerpo, pero la envidia corroe los huesos.” 

Mata tu relación con los demás:

La Biblia nos insta a amar a los demás y no a envidiarlos. Si alguien tiene más éxito que tú, debes sentirte feliz por esa persona y celebrar sus triunfos. Cuando dejas que la envidia tome control de tu vida, todas tus relaciones personales se verán afectadas y al final podría causar daños irreversibles. Ten presente y practica lo que dice Gálatas 5:14-15 (NVI): En efecto, toda la ley se resume en un solo mandamiento: «Ama a tu prójimo como a ti mismo». Pero, si siguen mordiéndose y devorándose, tengan cuidado, no sea que acaben por destruirse unos a otros.”

Mata tu comunión con Dios:

La envidia da lugar a la maldad. De hecho, en la Biblia dice que tiene un origen terrenal, humano y demoníaco. Santiago 3:14-16 (NTV) dice: “Pero si tienen envidias amargas y ambiciones egoístas en el corazón, no encubran la verdad con jactancias y mentiras. Pues la envidia y el egoísmo no forman parte de la sabiduría que proviene de Dios. Dichas cosas son terrenales, puramente humanas y demoníacas. Pues, donde hay envidias y ambiciones egoístas, también habrá desorden y toda clase de maldad.” Dios no puede habitar donde hay maldad, por lo tanto, no está con aquel que envidia.

Además, Santiago 4:11-12 (NVI) dice: Hermanos, no hablen mal unos de otros. Si alguien habla mal de su hermano, o lo juzga, habla mal de la ley y la juzga. Y, si juzgas la ley, ya no eres cumplidor de la ley, sino su juez. No hay más que un solo legislador y juez, aquel que puede salvar y destruir. Tú, en cambio, ¿quién eres para juzgar a tu prójimo?” Esto quiere decir que cuando envidiamos, nos ponemos celosos y hablamos mal de alguien, estamos usurpando el lugar de Dios como juez. Criticar a alguien no nos hace mejores personas ni más santos ante Dios; en cambio, nos hace caer en falta.

Porque causa maldad y porque nos hace pecar ante Dios, la envidia arruina nuestra relación con Él. Por lo cual, debemos estar atentos y cuidar nuestras acciones y pensamientos. En todo momento debemos encomendar a nuestro Señor que sea Él quien tome el control de nuestra vida, y no nosotros.

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Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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