Snapchat, Instagram y otras redes sociales ofrecen filtros que permiten modificar las fotografías y alterar la apariencia. Estos filtros son útiles cuando se quiere mejorar el aspecto de un escenario o modificar la iluminación de una imagen. Otros lo utilizan para ocultar rasgos faciales o corporales con los que no están conformes. Esta práctica no es ninguna novedad, pero según recientes estudios, podría ser dañino para la salud mental de los usuarios.

La facilidad con la que pueden modificarse las fotografías está creando que cada día más personas sufran de desorden dismórfico del cuerpo (BDD, por sus siglas en inglés). El desorden dismórfico del cuerpo se da cuando alguien se preocupa en exceso por su apariencia. Su inseguridad, falta de confianza y obsesión compulsiva le lleva a modificar sus fotografías hasta obtener una imagen de perfección según sus estándares.

Los filtros cumplen nuestras expectativas de cómo debemos lucir; sin embargo, cuando una persona tiene BDD, puede creer que la imagen editada de sí mismo es como debería verse en la vida real. Es decir que ya no se contenta con solo modificar sus fotos, sino que también quiere lucir así. Para lograr esta meta, muchos se obsesionan con ocultar sus imperfecciones y mejorar aquellas partes que, según ellos, están mal. Acuden a los salones de belleza, dermatólogos, dentistas, o incluso cirujanos plásticos para alcanzar su imagen idealizada de sí mismos.

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Snapchat disformia

Este nuevo fenómeno fue denominado así por el filtro de Snapchat que reduce el ancho de la nariz y hace que los labios se vean más grandes. Miles de pacientes acuden a los cirujanos plásticos para lucir como sus fotos con filtros y se ha convertido en una moda peligrosa. De acuerdo a un equipo de Boston Medical Center, “los selfies con filtro pueden tener efectos especialmente dañinos en adolescentes o aquellos con BDD porque esos grupos pueden internalizar más severamente este estándar de belleza.”

Si una persona sufre de Snapchat disformia o BDD está más propenso a tener ansiedad, depresión o a volverse adicto a las cirugías plásticas -si ya comenzó con ellas-; por lo tanto, es imperativo que se utilice los software, apps o redes sociales con precaución y siempre poniéndose un límite.

 

 

El siguiente crédito, por obligación, se requiere para su uso por otras fuentes: Artículo producido para radio cristiana CVCLAVOZ.

Rajanala, S., Maymone, M., & Vashi, N. (2018). Selfies—Living in the Era of Filtered Photographs. JAMA Facial Plastic Surgery. doi: 10.1001/jamafacial.2018.0486

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