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El hombre es un ser social por naturaleza, pero esto no quiere decir que todos seamos buenos iniciando conversaciones. Aunque para algunos es más fácil comenzar a hablar con alguien que conocen por primera vez, para otros, esto puede parecer todo un reto. Sin embargo, todo es cuestión de tener confianza en uno mismo y atreverse a decir las primeras palabras. Recuerda que todas historias de amor y amistad comenzaron con un saludo.

Tu lenguaje no verbal importa más que tus palabras.

Aunque nuestras palabras son importantes, el tono de voz y el lenguaje corporal lo son más. De nada vale que tu intención sea ser amigable si tu postura o entonación indica hostilidad. Cuando te acerques a alguien, hazlo con confianza y sin prejuicios; de esta manera la otra persona no rechazará tu compañía. También recuerda que debes respetar el espacio personal, o de lo contrario, podría percibirse como un acto intimidante y de mal gusto.

Evita temas controversiales.

Si tu intención es mantener un diálogo amical y positivo, entonces evita hablar de temas que afecten directamente a sus creencias políticas o religiosas. Si tu opinión diverge de la suya, en vez de acercarte a la persona, esto creará un muro entre ambos y les impedirá conocerse mejor. En cambio, fíjate en el ambiente que los rodea y haz de eso un tema de conversación. Cuando hagas un comentario, evita criticar y no intentes impresionar con comentarios inteligentes.

Presta atención.

Enfócate en la conversación y no te distraigas. En tu mente puedes tener un sinfín de preocupaciones o recuerdos que saltan al momento por alguna palabra que dijo la otra persona; pero si dejas que tus pensamientos se apoderen de tu concentración, entonces habrás ignorado algo primordial de la charla. Cuida que tus gestos también indiquen que estás presente en el momento y le estás otorgando tu máxima atención.

Preguntas cortas, respuestas largas.

El secreto de hacer que alguien continúe una conversación es no hacer una pregunta larga. Las preguntas complejas tienden a ser cerradas, mejor dicho, sólo se pueden afirmar o negar. En cambio, las preguntas cortas y sencillas hacen que la otra persona se explaye. De esta manera, el diálogo se vuelve fluido e interesante.
No olvides que ser tú mismo siempre es la mejor manera de empezar nuevas relaciones sinceras y duraderas.
 
Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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