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No hay nada de malo con querer superarse y buscar la excelencia. Todos queremos desarrollarnos adecuadamente en diferentes áreas; y por ello siempre buscamos que las cosas se hagan de la mejor manera. Sin embargo, cuando el deseo por alcanzar el éxito nos convierte en perfeccionistas, esta buena intención se convierte en algo negativo.

Los perfeccionistas pueden lograr lo que se propongan, pero a un costo muy alto. La Dra. Ellen Hendriksen asegura que esta característica lleva a la amargura, estrés, abrasividad, a ser vistos como exigentes, rígidos o controladores excesivos. Ella afirma que los perfeccionistas casi nunca pretenden ser perfeccionistas. Y además, debido a que la etiqueta es un nombre inapropiado, la mayoría de los perfeccionistas ni siquiera se dan cuenta de que son perfeccionistas.” Para evitar caer en este comportamiento, debemos examinar las señales de advertencia: 

1. Te es difícil relajarte:

El estrés es parte de tu vida. Nunca puedes relajarte cuando trabajas en un proyecto. Te preocupa que todo salga bien y de acuerdo a lo planeado. Si algo no sale como esperabas, te sientes frustrado, te enojas y desquitas tu ira con otros. En ocasiones, tu preocupación porque todo sea perfecto afecta a tus relaciones con los demás y la manera en que te ves a ti mismo.

2. Tus proyectos parecen nunca estar bien:

Nunca estás conforme con los resultados que obtienes. Cada vez que culminas algo, te fijas en los errores que pueden existir e intentas solucionarlos todos. Sin embargo, muchas veces, buscas fallas en donde no hay y crees que nada está perfecto. Esto causa que usualmente pospongas las cosas y tus proyectos no sean completados en su totalidad.

3. Eres demasiado crítico con tu apariencia:

Tienes un extremo cuidado por tu apariencia y por la imagen que proyectas. Eres excesivamente crítico con tu aspecto y te fijas hasta en los detalles insignificantes. No estás conforme con tu cuerpo y tienes un ideal de cómo debes ser. Con esto en mente, trabajas constantemente para lograr ese objetivo y te sientes frustrado cuando no obtienes lo que deseas.

4. Prefieres hacer todo solo:

Piensas que los demás no harán un buen trabajo y por eso prefieres hacer las cosas en solitario. Te gusta que todo esté organizado y estructurado de cierta manera, pero cuando alguien quiere aportar algo nuevo, te cuesta desviarte del plan inicial porque piensas que si lo haces, fracasarás. Te cuesta trabajar en equipo, compartir tus ideas y aceptar la ayuda de otros.

5. Nunca celebras tus logros:

Incluso después de haber culminado algo, no te sientes satisfecho con el resultado. Constantemente haces revisiones de tus proyectos y piensas que están inconclusos. No te importa si los demás te dicen que hiciste un buen trabajo, para ti, siempre habrá algo por hacer o corregir. Tu inconformidad con los resultados hace que te sea difícil celebrar tus logros, ya sean merecidos o no.

 
 
Este artículo fue producido para Radio Cristiana CVCLAVOZ.

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